¡Abajo los costeños!

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Juan Echeverry Nicolella

Juan Echeverry Nicolella

Columna: Purgatorio

e-mail: [email protected]

Twitter: @JPEcheverry

El lugar de procedencia ha sido durante generaciones un pretexto para condenar y encasillar el comportamiento de los hombres en Colombia. De los costeños se ha dicho, entre otras cosas, que somos flojos, indisciplinados y poco responsables.

Esas tesis no sólo se usa en el imaginario colectivo. Lo más grave es que algunas se sustentan en teorías académicas caducas y obsoletas como la del determinismo geográfico. Según ella el medio físico y el entorno determinan con una lógica causa-efecto la conducta de los hombres que hacen parte de él. Si el clima no es favorable, por ejemplo, no se produciría un elevado nivel de desarrollo humano. ¡Con excusas "académicas" parecidas los alemanes nazis llegaron a creer que eran superiores a los judíos!

Pero quienes todavía creen este tipo de tonterías no han abierto nunca un libro de historia. No creerían que los indígenas Zenúes o sinuanos del siglo XI controlaron inundaciones por medio de un sistema hidráulico refinadísimo mejor de lo que lo hace el actual gobierno.

Los que han controlado los destinos de Colombia han olvidado las riquezas de ésta y de las demás regiones del país. Esa actitud patrocinó una gran mentira que nos decían en el colegio: que limitábamos con el Océano Atlántico. ¡Qué exabrupto! Lo hacemos con el Mar Caribe y su gran cuenca que es muy distinto, pero desde Bogotá parecía más serio parecerse a New York que a Yucatán. ¿Qué sería de Colombia sin las regiones? Por un momento hagámosle caso a nuestros críticos y hablamos de la nuestra: abajo los costeños.

Abajo los caribes, los arhuacos y los zenúes. Abajo los taironas, los koguis y los wayúu. De entrada, para los más "light", ya no tendríamos ni mochilas ni sombreros vueltiaos que nos representen en el exterior.

Abajo Cartagena, pero no sólo la de los bares, restaurantes y eventos rimbombantes que utilizan los venidos de fuera. ¿Qué tal si también le quitamos a este país la actitud heroica de los rebeldes carta-generos que enfrentaban la muerte intentando impedir la reconquista en 1815? ¿Le quitamos la declaración de independencia del 11 de noviembre de 1811? ¿Olvidamos que Cartagena despidió al último gobernador español el 10 de Octubre de 1821 para por fin ser verdaderamente libres? Colombia sin Cartagena no sería ni siquiera libre; ¡ah! y tampoco tendríamos reinado de belleza.

Abajo Santa Marta, pero no sólo la de los turistas de El Rodadero. Abajo toda la Santa Marta indígena, hispana y republicana. Esta querida patria se quedaría sin su primera ciudad fundada. Desde Santa Marta partió la gran expedición que terminó descubriendo la sabana de Bogotá y fundando Santafé bajo las ordenes de Jiménez de Quesada. Oh sorpresa: sin Santa Marta ni siquiera existiría Bogotá. ¿Qué sería de las miles de familias colombianas que vivieron del auge del banano del Magdalena durante el siglo XX? ¿Dónde habría muerto Bolívar en 1830?

Abajo Barranquilla, pero no sólo la de los palcos de carnaval y las fiestas de disfraces. ¿Qué tal si arrancamos de nuestra historia que Barranquilla se distinguió durante las luchas de independencia por el apoyo de sus habitantes a las tropas de la causa libertadora? ¿Habrían sobrevivido sin los insumos que les brindamos? Quitémosle al país la Barranquilla de la cultura, las letras, la poesía y la pintura. Quitémosle también las tertulias donde se inspiraron García Márquez, Alejandro Obregón y Enrique Grau. ¿Nos olvidamos de la "Puerta de oro" que conoció y ofreció a todo el país el teléfono, la radio, la aviación y los deportes? ¿Borramos el desarrollo de la navegación a vapor por el Río Grande de la Magdalena?

No habrá verdadera nación sin regionalismos. Y no habría Colombia sin costeños.

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