Confunde y serás presidente

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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La manera como se empiezan a atisbar las próximas campañas, deja al desnudo que en Colombia no existe una identidad nacional. El rumbo que toma la nación obedece al programa de un caudillo, quien tiene libre albedrio para disponer de la agenda nacional, debido a que no existen unos valores ni una visión de largo plazo que los dirigentes deban respetar. Los valores públicos (consensos normativos de la sociedad) son fugaces, no logran sobrevivir en el tiempo.

Las dos principales corrientes que se perfilan para cautivar a la mayoría de votantes, encarnan sus propuestas en una persona o en una coyuntura, no se vislumbran programas sólidos a largo plazo que logren ganarse el respeto y validación social sin importar quién ejerza las veces de jefe de Estado.

Santos planea amarrar la tan anhelada paz en un segundo periodo presidencial de él o un cercano suyo. Lo preocupante es el alcance real del acuerdo, pues por presiones electorales, lo que se acuerde en La Habana puede salirnos caro a los colombianos. No puede haber paz sin justicia, la amnistía no es sostenible en el largo plazo, pues dejará un rencor en las víctimas, que somos todos, lo cual puede desembocar en futuros sucesos violentos.

En caso de que Santos prefiera dedicarse a ser expresidente, y dedicarse a dar conferencias en las universidades más prestigiosas del mundo, le dejó una carta de presentación a Vargas Lleras para perfilarlo como posible presidenciable. En este caso, la elección de presidente está supeditada a un programa de corto plazo: la construcción de cien mil viviendas, las cuales no son gratis, pues de nuestros impuestos salieron los recursos para construirlas.

Los candidatos del Centro Democrático viven a la sombra de un gran líder, sin embargo, la vida humana es finita. La principal política de éstos candidatos es retomar la búsqueda de la paz de la manera que lo venía haciendo el gobierno de Uribe, no obstante, ¿nos hemos preguntado qué país queremos una vez alcancemos la paz?, o mejor aún, ¿estamos implementando políticas que trasciendan las coyunturas del presente y que nos ayuden a salir de viejos conflictos?

En Colombia existen lides anteriores a la época de la violencia que no se han solventado. El agro está agonizando, la industria contrayéndose, no es claro si la voluntad nacional se inclina hacia el centralismo o el federalismo, tampoco existe certeza sobre si somos un Estado católico o laico. Un país es mucho más que unas cuantas viviendas y un cruce de palabras o balas entre dirigentes y sádicos terroristas.

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