La ayuda de Washington

Columnas de Opinión
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Esta semana estuvo en Colombia Rajiv Shah, director General de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y por las declaraciones dadas a la prensa, da la impresión que el Gobierno del presidente Obama quiere cambiar la estrategia y reducir las ayudas económicas que destina al Plan Colombia.

Queda claro que en Washington se dieron cuenta que estos programas de ayuda a reinsertados, desplazados, víctimas de despojo y restitución de tierras, se han burocratizado y politizado. Si las autoridades investigan bien este tema, van a encontrar que esos dineros están favoreciendo más a un cartel de consultores en el Wall Street de Bogotá (ahí en 7ª con 72), que a los campesinos de esas apartadas regiones del país.

Se estima que más del 45% de los recursos de ayuda destinados a esos programas se quedan en honorarios, viáticos, estudios y arriendos de lujosas oficinas de estos burócratas en Bogotá y otras ciudades del país.

En los Montes de Maria, por ejemplo, la Usaid viene ejecutando un programa de inversión por 32 millones de dólares en los municipios del Carmen de Bolívar, Ovejas, San Jacinto y San Onofre. Tres años después, no vemos grandes avances en el fortalecimiento institucional, la infraestructura ni el desarrollo económico de esa región.

El operador de ese programa ni siquiera ha sido capaz de implementar clusters agrícolas de exportación con productos como el ajonjolí, el tabaco negro, el aguacate y el ají en otros, idóneos para esa zona.

Los $9.975 millones que el Ministerio de Agricultura destinó el año pasado para el servicio de asistencia técnica gratuito no generaron ningún impacto en los ingresos de los productores de esas zonas. Ellos siguen obteniendo bajísimos rendimientos por unidad de tierra y de animal que en términos de ingresos equivale a un promedio de $380 mil mensuales, cuando deberían estar alrededor de dos salarios mínimos.

Señor Shah, si la estrategia es buscar otras formas efectivas de canalizar estos recursos para crear verdaderas oportunidades económicas en el sector agrícola y en las comunidades rurales ¿Por qué no invertir esos dineros directamente en un programa de emprendimiento rural? ¿Por qué no implementar un modelo de alianzas estratégicas entre los miembros de la cadena de valor para facilitarles el proceso de comercialización-exportación? ¿Por qué no ayudarles a montar un sistema de compras corporativas de insumos (productos químicos, combustibles, entre otros) que les permita una reducción en los costos de producción? ¿Por qué no invertir esos dineros en mejorar sus infraestructuras físicas de apoyo a la producción y comercialización e implementar mejoras significativas en las prácticas productivas?

Se trata llanamente de adoptar en forma correcta y gradualizada tecnologías sencillas que requieren mucho mas de conocimientos adecuados que de créditos abundantes, porque dependen mucho mas del "cómo hacer", que de "con qué hacer". Entre otras cosas porque los pequeños y medianos productores comenzaron a entender que la asociatividad no es una opción, sino que es una obligación, si se quiere desarrollar una economía agrícola de exportación.

Claramente, la culpa de todo este despelote en la definición de los programas y la ejecución de los recursos de cooperación internacional en Colombia recae en el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social que dirige Bruce Mac Máster, por la falta de liderazgo y coordinación. Según el portal La Silla Vacía, en lo corrido del año solo se ha ejecutado el 4.7% del programa de consolidación y el 15.5% del programa de víctimas. ¿Podría contarnos a los colombianos en donde tiene invertido el dinero que les corresponde por Ley a las comunidades más pobres y desamparadas del país?

Como dijera Benjamín Franklin: "God helps those who help themself", que quiere decir "Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos"

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