¿Dónde está el bandido?

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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

¿Por qué el escándalo por la posible participación en el Congreso de Timochenko, Iván Márquez y demás cómplices? ¿Es que acaso personajes como César Pérez, Santofimio y Martínez Sinisterra no han sido congresistas?

Ni los primeros ni los segundos deberían estar en un lugar tan sagrado, pero si de catarsis social ha de servir que al menos dicho órgano sea útil para dirimir conflictos.

Y si la medida para llegar al Congreso es saber cuál es más malo o ha matado más policías o colombianos, será bastante difícil de precisar, fuera de ser una discusión absurda y bizantina. Directa o indirectamente son incuantificables los muertos que a su cargo tienen tanto los congresistas mencionados como los jefes de las Farc.

Tan solo a César Pérez lo acaba de condenar la Corte por homicidio con motivo de la masacre de 43 personas en Segovia en 1988, y vaya uno a saber cuántos muertos causaron o determinaron Santofimio y Martínez Sinisterra en uso de sus relaciones con la delincuencia organizada por la cuales fueron también condenados.

El mismo Pablo Escobar en persona fue congresista, y desde la campaña de 1982 mucha gente sabía que era narcotraficante y asesino. Algunos votaron por él, otros lo ayudaron y le dieron voz en radio y TV, y muchos callaron pese a que Galán en Medellín lo denunció públicamente como mafioso frente a todo el país, aquella noche en que firmó su sentencia de muerte precisamente ante el hoy famoso "patrón -y excongresista- del mal".

¿Y en ese entonces quienes hoy se oponen a la posible llegada de Timochenko y su combo al Congreso qué dijeron sobre la presencia de Escobar en la lista que encabezaba el político liberal Jairo Ortega?

¿Y con el M19 que pasó? Entre otros crímenes, ese grupo asesinó cobardemente a José Raquel Mercado y causó el holocausto del Palacio de Justicia. Cuando varios de sus exintegrantes se aprestaban a participar en política hubo contradictores, sí, pero nunca como ahora por la sencilla razón de que hoy lo que les interesa a los opositores del proceso de La Habana no es la participación política de las Farc o la impunidad o las víctimas: lo que les importa es conseguir el poder en las próximas elecciones ondeando una bandera teñida con sangre.

La lista de congresistas y políticos criminales, auxiliadores o cómplices de delincuentes de todo tipo es larga y en Colombia hemos sido testigos de ella desde hace varios años.

Pero resulta que ahora sí aparecen las almas justas para impedir que se contamine de sangre y de delitos el Congreso, paradójicamente cuando por esa contaminación (qué sí lo es) y trago amargo de sapo hay inmensas posibilidades de acabar con una guerra de más de 65 años en Colombia, lo que significa nada más y nada menos impedir miles de muertos, violaciones a derechos humanos, destrucción y crecimiento de los delitos comunes que alimentan y son a su vez alimentados por la guerra o conflicto o terrorismo o como se llame a algo que es una realidad sin importar diccionarios.

Con excepción del que se dio con el M19, cuando los personajes que antes nombré subían y bajaban tranquilamente las escalinatas del Capitolio ningún proceso de paz serio estaba en curso como tampoco nadie tenía ese tema como bandera de campaña, quizás por esa razón (más otras vergonzosas que no mencionaré) muy pocos decían algo.

Lo de hoy ni siquiera es hipocresía o doble moral, es politiquería a costa de la vida de miles de colombianos que es lo más grave. Con este escrito no es mi intención herir a nadie ni tengo intereses políticos personales. O sí personales: yo quiero que mis hijos tengan la oportunidad de vivir en un país en paz.

Solidaridad con Ricardo Calderón: Si se calla la prensa calla la denuncia, calla la justicia, calla la vida…

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