Maduro y el ocaso del chavismo

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Escrito por:

Halinisky Sanchez Menéses

Halinisky Sanchez Menéses

Columna: Opinión

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El Dios de la biblia es el autor de la historia, y especialista en destruir los cálculos y análisis de los expertos, principalmente cuando estos cálculos, análisis o premoniciones son de los gurús de la política.

Una vez más la agenda de los politólogos falló y en un resultado inesperado, Nicolás Maduro casi pierde la presidencia de Venezuela contra un joven y aristocrático muchacho, el ambiente político venezolano está enrarecido, con un oficialismo que ganó por una nariz y una oposición a la que le faltaron cinco centavitos para el peso.

No creemos que haya habido fraude, lo que si creemos es que Maduro fue tan pésimo sucesor de Chávez y tan mal político que casi pierde la presidencia, ese millón de votos de Capriles se explica por el desespero de una clase media empobrecida por catorce años de chavismo y por cientos de miles que al morir Chávez sepultaron su devoción al caudillo, no olvidemos que Latinoamérica es un continente de realismo mágico, somos un pueblo seducido por el magnesito de los hombres, creemos más en el hombre que en las instituciones, y eso que la biblia enseña que maldito el hombre que confía en otro hombre.

Ahora, la victoria de Maduro no es la perpetuación del chavismo y el fin de la democracia, nada de eso, Maduro será el primer y último presidente chavista, ya que el socialismo del siglo XXI es un proyecto político personalista y económicamente inviable, muerto Chávez se acabará el chavismo, así como muerto Gaitán se acabó el gaitanismo, o el galanismo.

El resultado para Capriles no fue malo, fue una victoria, pues en menos de un mes de campaña, quitarle un millón de votos a la aplanadora chavista es poco menos que una proeza, pero en todo caso Capriles está lejos de ser la solución para Venezuela, una victoria suya sin duda implicaría el retorno al poder de una élite que durante décadas explotó los recursos del petróleo ante la más grotesca indiferencia de millones de desarrapados venezolanos, los pobres de siempre.

Desafortunadamente algunos medios de comunicación afectos al caprilismo ocultan el hecho de que el chavismo llegó al poder democráticamente y con una demoledora respuesta del pueblo pobre venezolano en 1998, en ese momento el pueblo dijo no más a una clase política que se enriquecía escandalosamente con los recursos del petróleo ante la impotencia de un pueblo sumido en la miseria que se contaba por millones.

El chavismo no fue ningún gobierno revolucionario, en realidad la importancia histórica de Chávez consistió en que esos fabulosos recursos del petróleo que antes solo disfrutaba la clase política venezolana, en un cierto porcentaje lo invirtió en la solución de las necesidades básicas insatisfechas de millones de venezolanos, esa gran fortuna se tradujo en salud, educación, y vivienda gratuita, Chávez dio el pescado a los pobres venezolanos, no soluciono nada , porque no enseño a pescar, simplemente dio el pescado, los antecesores del chavismo ni eso hicieron, ni el pescado daban.

Claro está esos avances sociales en Venezuela no son producto de un verdadero desarrollo económico, sino de un ambicioso y desvergonzado asistencialismo, la economía venezolana siempre fue dependiente del petróleo, pero existía alguna industria nacional, todo eso se acabó, fue empobrecida la clase media y los ricos huyeron despavoridos, hoy Venezuela es un paraíso de narcotraficantes, uno de los países con más altos índices de corrupción en la región, con una democracia en cuidados intensivos y con una de las ciudades más inseguras del mundo: Caracas.

Sin duda es difícil que Maduro asesorado por pajaritos imaginarios pueda sostener el proyecto Chavista, pero lo más triste es que no existe en Venezuela un liderazgo nuevo, que no practique el odio de clases, que redireccione los programas chavistas y garantice la inversión social, que despretrolice la economía y recupere la confianza inversionista, combata efectivamente el narcotráfico, reconstruya la institucionalidad, depure las fuerzas armadas, promueva el cristianismo bíblico como respuesta espiritual y filosófica a una supersticiosa sociedad, difícilmente esto se conseguirá con Capriles.

Esperemos a ver que escribirá el autor de la historia para la amada Venezuela en los próximos años.

Clavos y Canela: La Constitución colombiana del 91, se parece a Michael Jackson (qdep), le han hecho tantas reformas y cirugías que ya no se sabe qué es, es necesaria una nueva constituyente, una carta de navegación que garantice la verdad y la reparación a las víctimas del conflicto, y el perdón de los victimarios, insistimos no es posible la paz sin el perdón, ¿Será posible?

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