El espectáculo sobre la formación

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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Como respuesta a las arremetidas en contra de la Universidad de los Andes por parte de Jesús Dulce, columnista de EL INFORMADOR, me gustaría esbozar algunas particularidades que hemos heredado del esnobismo que permea a nuestra sociedad.

La frivolidad de nuestra civilización nos ha llevado a invertir los valores que predominaban, en aquel pasado, cuando cultura guiaba al conocimiento. Resulta que en nuestros tiempos, a las personas sólo les interesa entretenerse, razón por la cual los contenidos literarios, artísticos y musicales se han tornado banales y superfluos. La carga académica en la Universidad de los Andes no es fácil de llevar, en especial para quienes los retos intelectuales y los contenidos densos son altamente repudiados.

El objetivo de la educación universitaria es acercar a los estudiantes a la academia, con el fin de generar una élite bien formada en conocimientos. La disciplina y la exigencia deben ser una constante. Quizás la educación impartida en los Andes parezca descontextualizada, pero un país que no brilla por su producción intelectual, la exigencia rompe con muchos paradigmas.

Los estudiantes de los Andes se han destacado por su impacto positivo no sólo en la sociedad colombiana, también en la mundial. Instituciones como el BID, Banco mundial, Banco de la república y la rama ejecutiva (ministros), aclaman a los estuantes uniandinos por sus excelentes bases académicas.

Si la copia fuese aceptada como lo sugiere Ospina, el resultado sería nefasto. Egresados simplistas que se alimentan del inmediatismo y el amarillismo, incapaces de dedicarle tiempo a tareas que impliquen retos mentales o análisis, inundarían nuestra sociedad. Seducidos por el escándalo, miran los pocos hechos desafortunados, no los aportes que hacen brillantes profesionales al desarrollo de nuestro país. En la civilización del espectáculo que nos invade, el contenido no es importante, pues no entretiene y nos obliga a pensar.

Actualmente pertenezco a la facultad de economía de los Andes, nuestros profesores hicieron en clase, un minuto de silencio por el estudiante que se suicidó, algunos le dedicaron canciones y otros repusieron la clase del día de las exequias, que organizaron los directivos de la universidad, para que los estudiantes pudiesen asistir a la misa sin preocuparse por los temas vistos, además de situar una cartelera en la facultad, para que el estudiantado escriba sus reflexiones.

La universidad no es para todo el mundo, y no podemos pretender que ésta supla los vacíos éticos y morales de los hogares de algunas personas. En los Andes existe un sistema de consejerías académicas, psicológicas y de orientación vocacional, las cuales, por pereza son poco usadas por los estudiantes. Resulta complejo hacerle seguimiento individual a más de 18 mil alumnos, que no son precisamente estudiantes de colegio.

También, la universidad alienta a los estudiantes a realizar actividades extracurricu-lares, como deportes, conciertos, exposiciones artísticas, entre otras. No se le puede culpar a la institución de las conductas y hechos desafortunados de algunos estudiantes, pues la formación valórica es impartida principalmente en los hogares.

Centrarse en los escándalos, divulgados durante varios días consecutivos por los medios, es contribuir a la frivolidad que carcome a la sociedad, alimenta el esnobismo y banalidad de los contenidos que se producen. Los Andes se ha ganado un merecido reconocimiento en escenarios nacionales e internacionales, gracias a la disciplina y dedicación que despierta su exigencia académica.

La falta de rigurosidad en otros planteles ha desmeritado la educación técnica y nos han hecho creer que la única opción de vida es ser profesional. Reitero, no existe motivo alguno para que todas las personas vayan a la universidad. Para algunos, los esfuerzos mentales son muy aborrecidos, y universidades como los Andes pueden llegar a convertirse en una pesadilla por su rigurosa y excelente formación académica.

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