La patria inconclusa

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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En Colombia nos habíamos salvado de padecer el caudillismo, sistema que ganó fuerza en otras naciones debido a la falta de contrapeso a las formas de Bolívar. Gracias a personajes de nuestra historia que eludieron los fanatismos personalistas, como Santander y Nariño, las ideas las encarnaron colectividades y no individuos.

Hasta antes del Frente Nacional, se gobernaba bajo los matices ideológicos de un partido. Los valores y programas de desarrollo trascendían el periodo presidencial, siempre y cuando no hubiese alternancia del partido que ejerciese el poder.

No obstante, los valores y la entidad nacional prescindían, y aun lo hacen, de la libertad política. A diferencia de naciones como Estados Unidos, dónde sin importar las inclinaciones del gobernante, hay un respeto hacia la idea de nación y las políticas y valores que sustentan esa idea. En este caso la identidad nacional no está representada por un partido, sino por la ciudadanía en general. Esto demuestra dos cosas.

La primera es que Colombia no ha tenido una identidad nacional, ni un plan programático que haga trascender a la patria, y que además sea el más aceptado a través del tiempo, pues los partidos algunas veces representaban a la mayoría de colombianos y otras, a la minoría. La segunda es que el comunismo nunca ha sido deseado como representación de idea de nación, pues sus valores no resisten someterse a la libertad política.

En nuestros tiempos, Colombia está más lejos que cerca de poseer una identidad que garantice un avance y consolidación como patria a través del tiempo. Hoy, lejos de interesarse por ideas imperecederas, los votantes se dejan seducir por el espectáculo.

Se inclinan hacia caudillos que generen noticias entretenidas, las cuales son consumidas y desaparecen al instante, no tienen como finalidad incitar reflexión alguna. Los ciudadanos sucumben hacia la polarización, no se detienen a analizar el contenido, sólo observan de quién proviene (la forma). ¿De qué vale un gran líder si sus ideas no trascienden a su mandato?

El enfrentamiento entre elefantes sólo provocará que la grama se estropee. La frivolidad extinguirá a las ideas, dando paso al reinado del amarillismo y el entretenimiento. Antes por lo menos había elegancia en la prosa de nuestros políticos, las intervenciones llevaban reflexiones intrínsecas inentendibles para el espectador distraído. En los periódicos se promovían ideas, con las cuales se pudo haber consolidado alguna identidad.

La solución no está ni en Uribe, ni en Santos, ni en los que se perfilan y mucho menos en los que aspiran. El devenir de la patria dependerá de la responsabilidad de los colombianos. En nuestra nación se consolidó primero la identidad partidista antes de la identidad nacional. Hoy sólo existen afiliaciones caudillistas. Los intelectuales, como Nicolás Gómez Dávila, han vivido siempre en el anonimato, pero personajes como Pablo Escobar, rápidamente son conocidos y recordados por el público local.

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