No en 3 Caínes

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

Santa Marta es la tercera ciudad en recepción de víctimas de la violencia, sólo por debajo de Bogotá y Medellín; según las últimas cuentas, supera la cifra de 180 mil personas que han llegado, con un duro recorrido a cuestas, muchos a ubicarse en los cerros, en las rondas hidráulicas de los ríos, a sobrevivir del rebusque diario, y otros a tomarse el poder en la ciudad.

Entre vencedores y vencidos, esta nueva inmigración ha generado un fenómeno social sin precedentes, una mezcla de razas, amores, odios, una gran transformación cultural, que en vez de producir un relevo generacional o cambio de manos en las estructuras o en los cimientos mismos de la ciudad, ha generado una clase emergente que ha impuesto su música, su comida, sus valores, sus costumbres, sus aspiraciones, sus creencias y hasta una nueva 'mita' recargada y mafiosa, que podría recaudar más que el predial, llámese extorsión, vacunas, el 'gota a gota' del 'pago diario', en esta cíclica versión del desarrollo extractivo con una débil institucionalidad (Acemoglu & Robinson, 2012). Toda una bomba social que como siempre impacta en los más débiles, en los sectores populares, en las mayorías.

Sin embargo, en vez de promover el odio desde la visión de los victimarios, en vez de clamar por la reconciliación nacional, algunas revistas y empresarios de la industria del entretenimiento, piensan que los malos se toman la televisión nacional, y parece que en medio de sus argumentos, se alinearían en una especie de promoción de los valores de antihéroes, como en los Tres Caínes, Escobar, el Cartel de los Sapos, etc.

Claro, el rating, el exitismo, prima, no importa que si en medio de un mar de heridas abiertas, al poner a los malos de protagonistas, se podría generar un sentimiento de solidaridad y de imitación de su perversidad, en el que los valores se traslapan, se contraponen, se mezclan y se confunden, al punto en que nadie podría diferenciar, como en este artículo de portada de una revista de amplia circulación nacional, entre "narcoterrorismo", autodefensas, bandolerismo y paramilitarismo, entre guerra y lucha, entre venganza, traición y ambición.

En este caso, la serie Los 3 Caínes, con el mito fundacional de la venganza, muestra una especie de tragedia de Sófocles de tres hermanos que le ganaron a la vida, a punta de garrote, botines y crímenes de guerra, por la falta de presencia del Estado y para asumirse los 'taliones' modernos.

Muestran como unos ídolos de barro, dignos de imitar, a quienes, por ejemplo, llegaron con lista en mano a una fiesta patronal en Playón de Orozco y acribillaron a la población, o desplazaron a la gente de la vereda Avianca o a la de los pueblos palafíticos; que tenían fosas de serpientes venenosas; que violaron adolescentes; que pusieran a candidatos únicos para regir los destinos de la región; que lavaron plata, custodiaron cultivos ilícitos, enviaron drogas; los Goodfellas o 'buenos muchachos' que apoyaran e impusieran a más de uno de los últimos alcaldes municipales y distritales de los empobrecidos municipios y capital del Magdalena, que lograran que un famoso parque de La Picota lo llamaran el barrio Samario o que detrás de cada concesión, de cada mordida en salud y en educación, tras bambalinas de las obras civiles, de los contratos, de las mayorías en las corporaciones públicas, de las expectativas de acueductos, de las regalías, detrás de ocho años de odio, de te voy a dar en la cara mari…, haya un Caín.

Con ese mito fundacional, pareciera que pretendieran que la gente del común justificara sus crímenes y se identificara con los victimarios. Pero no cuentan con que una multitud en las redes sociales le pida a sus anunciantes en este famoso hashtag de twitter #Noen3Caínes, que retiren la pauta de este perversa telenovela 'negra'.

Puede haber 500 canales o solo uno, puede existir la libertad de cambiar el canal, pero nadie puede detener que crezca la indignación y reviva el dolor cuando aún están las heridas abiertas, al ver caricaturizadas a las víctimas y potenciados a los victimarios como protagonistas de esta nueva historiografía virtual del país.

Seguramente en unos meses harán una serie sobre la vida de otro de sus antihéroes, de los tantos caínes, aún anónimos, que son legión, como 'Fritanga' etc., y los protagonistas serán los 'actorcitos' y 'modelitos' que disfrutaron de sus mieles, o harán novelas sobre los que encadenaron a Ingrid Betancourt y pusieron a hablar con árboles a otros personajes.

En ese punto, uno se pregunta: ¿son necesarias las narcotelenovelas?, y si es así, ¿no deberían ser los 'traquetos', los mafiosos, los asesinos los antagonistas? No deberían ser los malos, esos caínes que se regodearán en su veneno, en su odio a muerte como en la obra de Saramago, hasta que no haya nada más que contar, en vez de ser los protagonistas de seriados escritos con letras de sangre, con la voraz sed de los vampiros pero esta vez por dinero, rating y éxito. Recuerden que según la reconocida novela Drácula de Bram Stoker, los vampiros sólo pueden entrar a una casa, cuando les dan permiso. ¿Hasta cuándo?

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