¿Qué hacer con las motos?

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Sé que muchos samarios son celosos de su ciudad y se molestan cuando alguien no natal le hace alguna crítica. Sin embargo, seis años viviendo por gusto en esta hermosa tierra creo que me dan derecho a opinar sobre ciertos temas con el objeto de contribuir en algo a mejorar la calidad de vida, tanto de los samarios de nacimiento y por adopción, como también de quienes nos honran con sus visitas.

Lo sucedido en la tarde del viernes 21 de marzo luego del partido Colombia-Bolivia fue vergonzoso, por decir lo menos. Cientos de motociclistas convirtieron la celebración en una estruendosa bacanal rodante por calles y vías de la ciudad. Fui testigo en la carretera del Ziruma cómo cientos de motociclistas enloquecidos manejaban sus motos por todos los carriles a altas velocidades, algunos con dos pasajeros por moto, muchos sin cascos y hasta sin camisa, otros parados en los vehículos y varios haciendo piruetas.

Bajando el Ziruma en menos de 200 metros vi dos accidentes, gracias a Dios al parecer sin consecuencias y sin otros vehículos involucrados. No sé qué más sucedió luego en dicha ruta ni en otros sitios de la ciudad, pero nada bueno se preveía ante semejante avalancha demente.

Este asunto tiene dos aspectos para analizar: En primer lugar, la coyuntura de estas celebraciones de las cuales el pueblo está ávido con toda la razón y que por fortuna tienen motivos bien fundados, como lo fue el caso de la victoria de Colombia frente a Bolivia cinco a cero; y, en segundo lugar, el comportamiento diario de los motociclistas que ya se volvió un problema general cuya solución hay que buscar de una vez por todas.

Con respecto al primer aspecto, las autoridades deben disponer algún sitio especial para que el pueblo manifieste su alegría sin que se lesionen los derechos de los demás y sin que nadie corra peligro. Algún parque o zona delimitada donde no se usen vehículos de ningún tipo y quizás hasta con música o pantallas para que se proyecten pasajes del partido y otros temas de acuerdo con el motivo de la celebración. Eso sería sano, y bajo control no tiene por qué causar daño alguno.

Sin embargo, el segundo aspecto sí es ya más que preocupante y difícil de manejar: la celebración mencionada mostró que definitivamente el tráfico de las motos se volvió un problema de orden público y de salud pública para la ciudad. No hay forma de controlar a cierta considerable cantidad de motociclistas que hacen lo que les da la gana, tanto en su manejo corriente como cuando protestan por algo o celebran. Son los amos y señores de las calles de Santa Marta.

Y eso sí, con culpa o sin culpa ay del conductor de un carro que toque alguna moto para que vea el problema en que se mete por parte de los mismos motociclistas y de sus amigos o familiares: le arrancan hasta lo que no tiene por haber osado tocarlos o "hacerlos caer"; y lo más grave: al instante se vuelven legión con linchamiento inminente y los posteriores líos legales y de seguridad que se tornan en pesadilla.

Es que hay otro agravante: tienen forma de comunicarse rápidamente y de actuar de forma inmediata frente a lo que suceda a cualquiera de sus similares, es decir, están tomando visos de banda organizada. Así de sencillo y alarmante.

No exagero: se están tomando la ciudad y pueden reaccionar al instante, no propiamente para bien. A mi como ciudadano de Santa Marta no me interesa si también puede estar pasando en otras ciudades, mal de muchos consuelos de tontos.

Santa Marta debe empezar ya por ser entonces la primera ciudad de Colombia que diseñe e implemente un plan integral y efectivo para el manejo y circulación de las motos, con el objeto de que no sean una pesadilla y no tomen más fuerza. Esta ciudad es de todos: de quienes andamos a pie o en bicicleta, de quienes circulamos en carro particular o público, o de quienes también se mueven en moto pero cumpliendo las normas. Todos debemos caber y tener por donde circular con peligros mínimos.

Obviamente que no se trata de todos los motociclistas, pero sí de una gran mayoría de la cual gran parte son mototaxistas. Cientos de veces se ha dicho (en todo el país) que el problema comienza desde que se vende una moto a cualquiera, sigue con licencias de conducción que parecen rifadas y sin ninguna enseñanza previa sobre normas de tránsito, continúa con un comportamiento libertino -a veces casi suicida y criminal- en las vías por parte de los motociclistas, y se agrava con un deficiente control de las autoridades, en algunas ocasiones por indiferencia y en otras más por falta de personal y de recursos ante un problema que las desbordó.

Sé que es imposible ponerle un policía a cada motociclista, como tampoco a cada conductor de cualquier vehículo ni a cada ciudadano, pero acá hay un problema focalizado y claro, urgido de una solución inteligente.

Publicidad