El costo de la improvisación

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Edmundo Jiménez Valest

Edmundo Jiménez Valest

Columna: El Hurón

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Hoy es una realidad social, hay que combatirlo, pero con el cuidado que exige quienes ejercen el ejercicio de ser Mototaxista. Es necesario convertirlo en un punto de polo de desarrollo, adoptando medidas que caminen hacia su límite.

Este ejercicio se convirtió en una profesión para quienes lo ejercen. No es fácil para una persona estar sentado con todo el peso de su cuerpo, sobre el motor de una maquina corriendo el riesgo permanente de que no regrese a casa donde lo esperan una esposa y sus hijos.

Pero ¿qué situación condujo que en Santa Marta se desarrollara con más fortaleza la cultura del Mototaxista que en otras Regiones del país? Las autoridades complacientes y perezosas, se tomaban el poder y hacían del presupuesto distrital plata de su casa y se olvidaron definitivamente de anclar proyectos sociales fuertes, capaces de generar empleo e invertir en educación, vivienda y salud para una clase social que tenía poca posibilidad de pensar que la ciudad le retribuyera algo de lo que los gobernantes se robaban. La gran población de desplazados que siempre ha albergado el Distrito de santa Marta. Desde la década de los 90, ya Santa Marta recibía a familias enteras desarraigadas por el conflicto de la violencia.

En este punto, igualmente, los gobiernos Distritales no colocaron la atención suficiente y dijeron que ese no era un problema regional sino nacional, que por lo tanto la solución la tenía el gobierno nacional. Estaba en lo cierto, pero no se preocuparon de hacer lo mínimo necesario, ante el Gobierno Nacional, para que se generaran las condiciones sociales propicias. Y, lo que fue en principio un manual de risas, hoy se ha convertido en un manantial de lágrimas y en polvorín social.

La llegada del paramilitarismo a la Región y en especial, a las ciudad de Santa Marta, hizo que las personas, principalmente las de bajo nivel educacional, y situación que atraía mucho a los jóvenes, se disparara la compra de los rodante de dos ruedas y de alto cilindraje donde se le podía facilitar la cometida de los crimines que en gran mayoría lo hacían desde una moto.

Entonces, cualquier persona, jóvenes por cierto, tenía en medio de sus extremidades inferiores un aparato que, por demás, cuando se escuchaban de manera estruendosa, la ciudadanía de bien, corría a esconderse dentro de sus casas o donde encontrara cuatro paredes. Ello influyo en demasía el uso de los rodantes de dos ruedas. Pero lo que definitivamente ayudo que proliferaran más aun las personas manejando motos como pasajeros, fue, indudablemente, la desbandada del paramilitarismo en la Región Caribe.

El trabajo del sicariato jerarquizado fue disminuyendo sustancialmente y muchas personas vendieron sus motos o se dedicaron al ejercicio del mototaxismo, sin decir con ello que, una gran mayoría de padres de familia derivan el sustento del ejercicio de esa actividad. Pero, otra situación que incrementa el ejercicio del mototaxismo, es la manera fácil que ven los jóvenes y padres de familia de incrementar o ganar un diario para mantener sus gastos personalmente o en su defecto derivar el sustento total de su familia. No quieren ir más allá de trabajar en sus motos.

No quieren hacer un esfuerzo mayor para buscar el sustento, como un trabajo de acuerdo a su saber, sino el de coger una moto y salir a buscarlo a las calles. Pero eso tiene otra razón. Falta de autoridad.; falta control en cuanto a quien conduce una moto; falta de control en las ventas de motos y, lo más insólito, las escuelas de conducción de moto. Cualquiera coloca una escuela de conducción de esos rodantes sin tener los requisitos mínimos para hacerlo. Definitivamente hay falta de autoridad para ejercer los controles mínimos necesarios.

Lo más grave aún, hoy se cree que se debe acabar de un solo manotazo o por decreto la actividad del mototaxismo como forma de prestación de servicio público de transporte de pasajero. Existe error en el concepto. Se necesita mucho ingenio de parte de las autoridades y un conjunto de voluntades para hacerlo. Santa Marta es una ciudad equidistante a todas las ciudades de la Región Caribe y es una de las razones por las cuales es apetecida por propios y extraños para ejercer la actividad, aunado a la pésima prestación de un servicio público de pasajeros a la comunidad por parte de las empresas legalmente constituidas.

Ellas tienen bastante y mucho que ver en el aumento del mototaxismo. Buses en un mal estado; rutas que demoran mucho su recorrido; conductores que no son profesionales en el ejercicio de su profesión y otras condiciones físicas a las que hay que se acuden que desmejoran sustancialmente el servicio público de transporte de pasajero urbano.

Es importante que los mototaxistas entiendan que en este concepto de la ciudad moderna donde nos visitan extranjeros; que somos el ojo del mundo por los recursos naturales que tiene la ciudad y que Santa Marta ya no es nuestra solamente, tiene que tener un sistema de transporte público moderno comparado con las mejores ciudades del mundo. Eso los hace más ingenioso y los obliga a reestructurar la insistencia a seguir con este medio de transporte. En ese mismo sentido, la sociedad y las autoridades, que tienen mucho que ver en esa proliferación se tienen que sentar para mirar cual es la mejor solución.

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