Renunciar o trascender: dilema en el vaticano

Columnas de Opinión
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Escrito por:

César Serpa Vega

César Serpa Vega

Columna: Opinión

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La renuncia del papa Benedicto XVI nos dejó perplejos a muchos, incluidos a todos aquellos que aún creíamos que los papas eran vitalicios (hasta la muerte) y que no podían renunciar. Resulta que de un solo golpe a muchos nos bajaron de la nube y nos dieron un baño de realidad, algo normal en instituciones ó "ciudades-estado" creadas y manejadas por hombres de carne y hueso, como es el caso del Vaticano.

No es prudente entrar en polémicas ó debates sobre temas muy sensibles, por eso es preferible analizar como cualquier ciudadano del mundo, el histórico, impactante y atípico hecho de la renuncia del papa, desde una perspectiva más real y trascendental, enfocándonos en los efectos y consecuencias de esa particular renuncia.

Según la Real Academia de la Lengua, Renunciar es "Hacer dejación voluntaria, dimisión o apartamiento de algo que se tiene, o se puede tener.", lo cual nos podría llevar a concluir que el papa Benedicto XVI con su renuncia se apartó de la investidura y de las inmensas responsabilidades que conlleva semejante cargo. Todo ser humano ante una situación de esa complejidad, se enfrenta a un posible dilema que se le presenta cuando se contempla una renuncia de cualquier tipo, ya que se deberá escoger entre suspender el proyecto emprendido ó encargado; ó continuar, perseverar y luchar hasta la muerte si es necesario.

Por la razón que haya sido, así sea voluntaria, presionada, por salud ó cansancio, etc., lo claro es que el papa Benedicto XVI con su renuncia suspendió la misión de dirigir espiritualmente a miles de millones de católicos (1.200 millones aproximadamente según cifras del Anuario Estadístico de la Iglesia). Así se convoque rápidamente la elección de un nuevo líder para la Iglesia Católica, no deja de sorprender la salida tan intempestiva y acelerada del "sumo pontífice", sobretodo porque en este caso quien renuncia a su cargo no es el gerente de una empresa cualquiera, sino el hombre que según la tradición es el "escogido por Dios", para representarlo en la tierra. Por semejante responsabilidad "divina" era que muchos pensábamos que dicho cargo era vitalicio e irrenunciable. Se termina uno preguntando, ¿Cómo puede renunciarse a una tarea encomendada por Dios, aunque sea de forma simbólica?

Pasando a asuntos más terrenales y menos espinosos, podemos mirar desde la barrera algunas consecuencias de la renuncia del papa Benedicto XVI. Se pudo constatar por ejemplo, que quedó al desnudo parte del manejo burocrático y organizacional del Vaticano, el cual no se diferencia mucho al de cualquier institución ó corporación común, con sus jerarquías, códigos, manejos económicos y políticos; y es precisamente en el aspecto político que quiero centrarme, ya que aunque muchos quieran ocultarlo por simples actos de fe, la realidad es que el Vaticano y el papa específicamente, son actores políticos de primer orden. El papa posee una poderosa influencia política mundial que es innegable, lo cual puede confirmarse con su enorme capacidad de convocatoria y de movilización en pro de causas de gran impacto para la humanidad entera.

Un ejemplo contundente de esa influencia política fue representada perfectamente por el papa anterior, su Santidad Juan Pablo II (q.e.p.d.), el cual brilló no solo por su impresionante carisma, sino por su papel decidido, determinante y trascendental en numerosos episodios claves de finales del siglo XX, entre esos la caída del comunismo y su emblemático muro de Berlín, su participación en los diálogos que desembocaron en la transición de los países de la antigua Unión Soviética ó de la llamada "cortina de hierro" hacia la democracia moderna ó sus intentos por propiciar una mayor apertura de regímenes dictatoriales como hizo durante su visita a Cuba; cuestiones como esas lo gradúan y le permiten pasar a la historia como un gran activista político de gran impacto para la humanidad.

El legado es el aporte a la historia que dejan las personas durante su paso por la vida ó por el desempeño de alguna tarea encomendada. Mientras el beato Juan Pablo II, próximo a ser convertido en Santo por varias de sus acciones, deja como legado en la memoria colectiva mundial sus tímidas reformas progresistas durante su pontificado, su acercamiento a las otras religiones y credos, su influencia y activismo político, su enorme y agradable carisma, entre otras cosas; en cambio el "Ex-papa" Benedicto XVI seguramente va a ser recordado más por su impactante e inesperada renuncia, que por sus aportes poco trascendentales para la religión católica y para la humanidad.

El costo de tomar la respetable opción de renunciar, por los motivos que sean, acarrea unas consecuencias que inevitablemente se reflejan en el legado de la función desempeñada. En el caso de "Ex-papa" Benedicto XVI, su renuncia tal vez fue un sacrificio personal que propiciará unas reflexiones y cambios profundos dentro de la Iglesia; pero de seguro ese legado no será tan perdurable y trascendental como el de Juan Pablo II, por la simple razón que el papa anterior cumplió su mandato hasta el final y sufrió los dolores de la enfermedad para hacer más legítima y perdurable su causa. Renunciar ó Trascender, he ahí el dilema.

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