Consecuencias de la instalación de bares frente a universidades y demás centros de estudios

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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No advertir que la instalación de bares frente a las universidades y demás centros de estudios, es un peligro de salud física, moral y social para la juventud, es padecer una ceguera a lo Saramago.

Una ceguera a través de la cual "vemos sin ver" el inmenso e inminente mal que se le avecina a la juventud que, despuntando apenas a la vida, ya se ve sitiada, empujada a un callejón sin salida donde solo bares, cantinas y cabarets repletos de alcohol, drogas y hetairas camufladas entre niñas universitarias, saltan tentadoramente a su alrededor, ofreciéndole la naturaleza sicalíptica de sus vicios degradantes, ante los cuales prontamente sucumben como consecuencia del poderoso imán de su maldad y la anulada acción para defenderse, debido a su escasa formación y marcada inexperiencia en el asunto.

Mediante un censo que emitiera la Comunidad Andina de Naciones, el 50 por ciento de los jóvenes universitarios, menores de 18 años, consumen alcohol, el cual genera mas dependencia que la Marihuana y que dos de cada 10 muchachos, también menores de 18 años, ya tienen problemas en el alcohol, 16 por ciento consumen drogas, tal es el diagnostico establecido por el segundo estudio de enfermedades epidemiológicas de sustancias psicoactivas, concluido por la Comunidad Andina de Naciones.

Tocar tangencialmente estos problemas de orden social por el Estado, es una costumbre inveterada y cuando tienen que tratarlo con seriedad y a fondo, entonces lo hace sumergido en una retorica pedante y fastidiosa, plagada de promesas que se desvanecen en el discurrir del tiempo.

Y como siempre, aquí no ha pasado nada, el tiempo sigue su curso campante, dejando atrás centenares de jóvenes universitarios convertidos en guiñapos humanos, entre los cuales pudieron enredarse científicos notables, estadistas sobresalientes, juristas brillantes y no sé qué otros prohombres del espíritu en potencia que tanto necesita esta Colombia atrapada en una manigua de insensateces que la ahoga lentamente.

Un Estado, una sociedad que no se percata de la existencia del oscuro túnel infernal por el cual atraviesa la juventud "estudiosa", son sencillamente dos entes al agua, dos estamentos que preñados del nocivo "laissez faire laissez passer" (el dejar hacer, dejar pasar de los franceses) contribuyen al reinado de la anarquía, al caos de una nación que, en el campo de la cultivación de valores es poco, por no decir nada, lo que hace.

Recordar que la familia, como primer núcleo social del mundo, está llamada a colaborar activamente en el problema que analizamos, es llover sobre lo mojado.

La modernidad de los padres de familia- especialmente los de clase media, media alta y alta, es uno de los puntos neurálgicos que estos padecen con respecto a la formación de sus hijos.

El "juernes" y el viernes son ansiosamente esperados por estas familias liberadas para tirar "una cana al aire" en la discoteca o en el club, mientras que los "chinos" o "pelaos" - según el caso- exigen dinero para irse a otro lado, porque "que fastidio, que pereza" divertirse al lado de los "cuchos".

Y por supuesto, el sitio mas adecuado para divertirse lejos de los "cuchos" son los alrededores de las universidades, donde el alcohol, las drogas y las mujeres que le dicen a uno "papi" sin conocerlo, los esperan para hacer su infame trabajo de degradación.

Lo mas lógico de todo este estado de cosas, es que algo anómalo suceda. Que en una riña inesperada, una bala extraviada haga su "agosto", que una botella lanzada se estrelle con un privilegiado cerebro en potencia o un carro fantasma lo borre para siempre del mapa, en cualquier calzada de la ciudad. Y, como en la canción de nuestro folclor, después viene los ay, ay, ay, ay Dios mío que fue lo que hice… de estos padres de familia, cuando ya no se puede hacer nada sobre la leche derramada.

El trago amargo pasa rápido y la fiesta continua y como siempre aquí no ha pasado nada, "los sitios de diversión" frente a las universidades, apenas merecen un "serio" cuestionamiento por parte del Estado, con la vehemente promesa de hacerlos desaparecer, y un despliegue sensacionalista de la Prensa.

La ley de recurrencia nada enseña a estos dos estamentos aludidos, quienes hundidos en ella y sin el propósito de despertar conciencia, allí estarán rondándola "persecula seculorum". ¿Qué hacer? Lo dicho: despertar conciencia sobre este impasse social que azota a la juventud estudiosa.

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