El juego del fuego

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

¿Cuál sería hoy la intensidad del conflicto por parte de las Farc sino se estuviera conversando en La Habana? La respuesta siempre será especulación porque el conflicto armado colombiano, haya o no procesos de paz, históricamente se intensifica y amaina por causas supuestamente conocidas a veces y desconocidas otras veces.

Es que el conflicto lleva el ritmo de las guerras, que aunque obviamente no son ajenas a lo sucedido por fuera del campo de batalla, la mayoría del tiempo marchan según las oportunidades, debilidades y fortalezas del momento, las estrategias geográficas, los cambios de tácticas y varias motivaciones más, sumado que en el caso de las Farc su actuar es disímil en los territorios del país por falta de control sobre algunas facciones o por falencias de comunicaciones.

Sin embargo, así sea también especulación lo anterior, hagamos el ejercicio de recordar -los expertos tienen ese dato- en qué épocas o momentos las Farc han arreciado sus atroces acciones. Me aventuro a decir que esas épocas o momentos no han coincidido siempre con la inminencia, realización o rompimiento de negociaciones o de treguas.

No digo que no tenga lógica -esa lógica siniestra de la guerra- que ello suceda y que de verdad haya sucedido o esté sucediendo, no, me refiero a que también hay que analizar si los ataques de las Farc estarían hoy en el punto de intensidad en que están, o incluso más abajo o hasta más arriba, si no existiera proceso de paz. Puede que igual, más alto o más bajo, pero el hecho es que sin diálogos la guerra estaría en su ya tradicional y triste apogeo, con sus diferentes ritmos en cuanto a destrucciones, víctimas y violaciones a todos los derechos.

Además, recordemos que los acuerdos previos nunca hablaron de parar ni disminuir la intensidad de la guerra mientras marchara el proceso, precisamente por la dificultad de medir y verificar esa tregua o esa disminución, pues llegar a certezas sobre ello empantanaría el objetivo final. Muchos haríamos hasta lo imposible por impedir un solo muerto, un secuestro o un ataque, pero es hora de pensar (sí, y soñar) en grande: intentar impedirlos todos definitivamente con un proceso como el de hoy.

Así pues que nadie está faltando a su palabra o está siendo más o menos cruel que antes. Las reglas del juego del fuego y de la paz y sus caminos son esas aunque nos den rabia y tristeza los ataques, asesinatos y secuestros de las Farc.

Otra cosa es que en nuestra lógica humanista y civilista pensemos que el conflicto debería disminuir o hasta apagarse, pues al fin y al cabo sus cabezas están viéndose las caras e intentando parar esta ignominia de 60 años. Pero esa lógica nuestra es diferente a la de los guerreros y a la de los criminales.

Sin embargo, al margen de reglas de juego y humanismos, las Farc sí están cometiendo tremenda equivocación, partiendo de la base -yo lo creo- de que sí quieren terminar el conflicto para luego entrar al juego político: Por cada ataque, secuestro o asesinato que perpetren mientras dure el proceso, pierden miles de votos que necesitarán cuando entren a la civilidad y a la política.

El conflicto armado está hoy vivo, sí; se cumplen las reglas de juego pactadas, sí; pero la política tiene memoria, en especial cuando los hechos son recientes y cuando se busca el voto de opinión, que aunque no suene bien para muchos, es al que acudirán unas Farc desmovilizadas. Y esos votos no los están ganando con sus acciones de hoy; puede que sean buenos jugadores tanto de la guerra como del proceso del fin, pero pésimos para hacer política, que es lo que viene después de la guerra.

Todo esto deja ver algo más profundo que las Farc -y también el gobierno y la sociedad civil- debemos analizar desde ya: la guerrilla no está preparada para moverse en la vida civil, para cumplir sus reglas, para convivir con los ciudadanos, ni para tolerar y solucionar las pequeñas y grandes dificultades y retos que trae el vivir cotidiano en sociedad. Eh ahí un proceso gigantesco e integral en el cual hay que trabajar desde ya.

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