El post conflicto colombiano

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Con las altisonantes voces de la conocida excepción, Colombia entera se alegró del éxito de nuestras fuerzas armadas en el operativo que significó la caída del sanguinario "Mono Jojoy", clave militar de la narcoguerrilla que aun azota al país.

Tan grande fue el regocijo que hubo cantos de victoria y declaraciones optimistas dando por finalizado el conflicto interno colombiano con esta baja que se suma a otras igual de importantes.

Es claro que sin esta pieza clave, el ajedrez de la guerrilla cambia sustancialmente desde el punto de vista estratégico. "Jojoy" dirigía el temido y, hasta ahora, casi inexpugnado Bloque Oriental, temido al máximo y casi impenetrable.

La Operación Sodoma, como se denominó al operativo, fue cuidadosamente planeada durante casi 3 años, con sofisticada inteligencia y aplastante acción. Las Farc, antes consideradas imbatibles, hoy están en retiro no estratégico, sino en repliegue táctico, huyendo de la acción conjunta de las fuerzas armadas de Colombia y escondiéndose en sus madrigueras en lo más profundo de las selva.

El punto focal actual es la cúpula de la guerrilla. El inicio de la contraofensiva militar viene desde el 2.000, cuando el entonces Presidente Andrés Pastrana logró la colaboración militar de los Estados Unidos con el llamado Plan Colombia,y el Ministro de la Defensa Nacional, Rodrigo Lloreda Caicedo, después de armar con moderna dotación a las Fuerzas Militares, obtener colaboración norteamericana para las actividades de inteligencia y actualizar la organización castrense, pudo detener la acción de la narcoguerrilla, y contraatacarla.

No obstante, mientras el despeje en el Caguán estaba presente, los facinerosos optaron por ese refugio estratégico. El rompimiento de los "diálogos de paz", en Febrero del 2.002 condujo a las primeras incursiones en ese santuario guerrillero y al "principio del fin", como lo denominó el Freddy Padilla de León.

Indudablemente, fue Álvaro Uribe quien, con la "seguridad democrática" la enfiló directa y efectivamente contra la cúpula fariana. Las detenciones de "Rodrigo Granda "y "Simón Trinidad", las bajas de "Raúl Reyes", el "Negro Acacio" y otros cuantos, la muerte de "Manuel Marulanda" y la alevosa traición a "Iván Ríos" y la "Operación Jaque", entre otras cosas, lograron obstaculizar la acción guerrillera; los computadores de los otrora subversivos son fuente valiosa e inagotable de información que permite a las autoridades avanzar en el camino hacia la derrota militar del Farc. Y el Presidente Santos, exministro de Defensa del gobierno Uribe y conocedor como nadie del Plan Patriota, sigue en la ofensiva aun con la recepción con asesinatos infames y fuera de combate de soldados y policías.

Todo indica que la narcoguerrilla de las Farc está seriamente golpeada, con su tropa desmoralizada, padeciendo serias limitaciones logísticas de alimentos, municiones, comunicaciones y movilidad, dispersa y en repliegue táctico. Pero esto no significa su derrota inmediata.

Entre otras cosas, el negocio del narcotráfico es un poderoso aliciente para quienes dentro de la organización criminal se lucran de la siniestra actividad, y el adoctrinamiento de los jóvenes incorporados llega al lavado cerebral causando soldados zombis que van hasta la muerte sin saber porqué ni para qué.

 Adicionemos ingredientes como el crecimiento de muchos niños dentro de ese único mundo sin haber interactuado con el exterior, el hambre, los desplazamientos forzados, la equivocada imagen de "héroes" que dentro de esa organización tienen sus líderes y la carencia de oportunidades para los reinsertados.

Y sumémosle también que otras organizaciones delincuenciales siguen intactas: las bandas ciudadanas que se nutren de exguerrilleros o exparamiliatres; las mismas bandas de paracos, hoy limpias y transformadas; las organizaciones del narcotráfico y, sin duda alguna, las estructuras mafiosas de la corrupción que tanto daño le hacen al Estado y a la Nación.

Una cosa es ganar militarmente un conflicto, guerra o como se quiera llamar y otra muy diferente es consolidar ese triunfo. La postguerra necesita oportunidades para los derrotados, no solo cárceles que terminan siendo universidades del delito; es necesario regresar las tierras robadas, generar oportunidades de empleo digno, educar a los reinsertados en oficios productivos, brindar salud de calidad, en fin, todo aquello que nuestros gobiernos les han negados a las gentes más necesitadas y que, si bien no son la causa, son ese alimento que mantiene activa a la subversión.

Estamos entonces en manos del Presidente Santos y sus acciones de gobierno, del que el congreso tenga grandeza y dicte leyes acertadas para el postconflicto, y de los ministros de Estado, cuyas directivas y acciones deben generar verdaderos escenarios que permitan consolidar la paz.

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