Colombia el país más feliz

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

e-mail: gusherlo@hotmail.com

Empezamos el año con el pie derecho, habida cuenta de que el estudio, las estadísticas y la encuesta de Gallup internacional nos catapultaron al panorama cosmopolita como la nación más feliz del mundo. Eso de suyo nos proporciona a todos los colombianos una gran emoción, satisfacción y orgullo.

Desde luego no nos sorprende porque no es la primera vez que sucede este reconocimiento mundial, al cual hemos sido acreedores en varias oportunidades.

Pero en las actuales circunstancias en que existe, según las encuestas pesimismo frente al inmediato futuro, en que la economía está algo resquebrajada, en que reina incertidumbre en el proceso de paz y en que los viajeros regresan a las faenas normales, con sus bolsillos vacíos y con sobrecupos en sus tarjetas de crédito, dado que aplicamos el lema de viaje ahora y pague después, no deja de ser alentador el hecho de que nos cataloguen a los colombianos como los más felices del orbe.

Nuestro pueblo sin discusión alguna, a pesar de sus dificultades evidentes económicas, de subsistencia y de asistencia social y médica, pues no podemos tapar el sol con las manos; nos muestra siempre el rostro alegre, su deseo de divertirse, su disposición o mejor aún su buena cara ante las adversidades que lo rodean.

Por lo anteriormente expuesto, por esas realidades humanas perceptibles y ciertas es que igualmente nos han señalado como los más creativos e ingeniosos del universo, como los más y mejores trabajadores, al lado de los israelíes.

En todas partes del planeta encontramos en innumerables actividades a nuestros compatriotas que sobresalen profesionalmente, incluso desgraciadamente en aspectos negativos también nos registran y aparecemos en las noticias de hechos judiciales y de asuntos delictivos.

No hay un solo villorrio o aldea, así sea de contados habitantes donde no haya continuas celebraciones, fiestas, reinados y festejos que si no hay lugar a ellos se los inventan o buscan cualquier motivo para beber, bailar y tener esparcimiento colectivo y familiar. En algunas poblaciones se siente la diversión más que en otras pero el común denominador en todas es la farra.

Ahora con ocasión del final del año 2012 y los primeros días del 2013 observamos el jolgorio nacional, los reinados del café, de la caña, de la panela y algunos más que se nos escapan. Son verdaderos carnavales pequeños y grandes, en fin toda Colombia por esta época vive y está en función de la jarana.

Curiosamente los territorios de más avance tecnológico, de ingresos per cápita superiores, de desarrollo industrial, con un modus vivendi alto y ejemplar, no son los pueblos a los cuales los acompañe el gozo en su rostro.

Eso tiene su explicación, por ejemplo en Europa, el mismo clima afecta, por cuanto las estaciones durante las cuales pueden salir, pasear y disfrutar al máximo al aire libre son primavera y verano, esto es seis meses.

En el norte sobre todo las inclemencias climáticas son más rigurosas y duras. En consecuencia el mismo frío que impera en el otro semestre hace que sus habitantes, tengan esa misma frialdad en su trato y convivencia.

Por esa razón cuando sale el sol, los europeos en especial los del norte, se enloquecen, se desnudan y le rinden culto al astro del día, que aquí aún en el invierno se deja ver. Esas son las ventajas del trópico.

Aquí tenemos playas todo el año, para aprovecharlas. En el sitio que sea en cualquier momento podemos cambiar de clima y por consiguiente pasar de calor al frío o al contrario a pocos kilómetros y en el término de la distancia podemos encontrar temperaturas templadas o calientes.

Son ventajas que a veces no apreciamos, más los que no poseen esa situación de privilegio climatológico, admiran y quisieran tener en sus estados alguna circunstancia aunque fuera semejante. El clima del paraíso según la principal revista geográfica (National Geographic) es el de Anapoima, aquí a pocas horas de Bogotá.

Se ignora porque no se ha divulgado como corresponde y no se ha explotado esa realidad de atracción de los extranjeros por lo nuestro. Es el caso dentro del cuerpo diplomático mundial, conforme a datos estadísticos confirmados, de que el país donde más funcionarios de la diplomacia incluyendo los Embajadores, quieren quedarse o establecer su residencia es Colombia.

Muchos terminan sus carreras aquí, descartando posiciones de promoción y conveniencia personal, para irse a Embajadas de países de alto desenvolvimiento cultural y con mejores remuneraciones. Sin embargo se enamoran de Colombia y terminan sus últimos días de su vida como dice la canción entre cámbulos y gualandayes.

Acontece con los foráneos en general, quienes llegan en plan de conocer nuestro país, se forman la mejor impresión del mismo y muchos quisieran morar en Colombia. Particularmente y ellos lo comentan por el calor humano de nuestra gente.

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