¿Revocar o convocar?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

El 2013 empezó con una atezada de clavijas en el equilibrio del péndulo. La más rancia derecha, ha pedido revocar mandatos a diestra y siniestra, como la Reina de Alicia en el País de las Maravillas: que rueden cabezas... Imagínese una democracia en que al año tengan los gobernantes alternativos que salir a defenderse de la presión de una nueva, costosa y eterna campaña política, con día D incluido, al tiempo en que se debaten entre los a favor o en contra, los ataques desde todas las formas de lucha, las auditorías, esta vez si diligentes, y entre otros asuntos, la defensa desmedida desde el gobierno o desde otras tribunas, mientras la ciudad queda a la deriva, al vaivén del proselitismo a la colombiana, de las alianzas hasta la vuelta de la esquina y de los acuerdos, negociaciones y componendas. Eso si sería una caricatura de democracia.

A pesar de la complejidad, para la "hojarasca" de los advenedizos -dirían algunos- de gobernar en escenarios adversos, casi que resistentes al cambio; de la poca experiencia o del campanazo de alerta para los actuales gobernantes de que así tengan buenas intenciones, no pueden hacer lo que a bien les venga en gana ni que a una ciudad no la puede pensar una sola cabeza, no les importa a estos nuevos cruzados, adalides de la moral y las buenas costumbres, abrir una gran compuerta para hacer política abiertamente, a quienes se mueven como pez en el agua en esos escenarios y hasta, como buenos "lideres carismáticos", lo disfrutan o también, el volado del eventual efecto boomerang en el futuro; remember que como dice el refrán popular: primero el gusto y después el susto, quienes saborean por primera vez, después podrían comprobar que como en el cine las segundas partes no son buenas y hay que ir por la tercera, hasta cuando liberen al "monstruo" de una nueva ciudadanía activa, deliberativa, empoderada, consecuente y altiva que participe y de verdad revoque a quienes no busquen el bienestar de las mayorías o beneficien con sus acciones a los sectores populares sino que encarnen a la vieja política indolente, excluyente, mezquina y retorcida.

De revocatoria a convocatoria, a quién ganó en las urnas, hay que dejarlo gobernar dentro de las reglas de juego y los procedimientos del sistema: esa es la esencia de la democracia. Al cabo de su periodo de gobierno, vendrá la real encuesta: la del cumplimiento de metas - plan, la de la transformación o de la frustración, la de la rendición pública de cuentas, la de la quemada o la vencida, la de la continuidad o el cambio, la del éxito o el castigo: las urnas.

Es una época de convocar, no de revocar: la paz en ciernes, sin embargo parece que el mensaje que los poderosos le quieren mandar a los que están en los diálogos de la Habana, es que no toleran dejarlos gobernar.

Es claro que además de acontecimientos históricos como el genocidio de la UP, las pérdidas como la de Pizarro Leongomez y de otros dirigentes, la década del terror robesperiano de la desbandada paramilitar que permitió la consolidación de un poder espurio y de un retroceso en la calidad de nuestra democracia, le quieren hacer una proyección de las posibilidades que tendrán si logran acceder al poder local y a lo que se enfrentarán.

La idea fuerza podría ser que para los que concertan el fin del conflicto, les pueden pasar 20 años de reinserción, como a Petro en Bogotá o un poco menos de Caicedo en Santa Marta, en los que así le hayan aportado a la apertura de la democracia y a la sociedad en su conjunto desde sus roles, cumpliendo la constitución de 1991 que coadyuvaron en su promulgación, no obstante, si pisan cayos, si le cambian la perspectiva a los que han "vivido" de la política, la opción es "empapelarlos", "quemarlos" ante la opinión "pública", revocarlos, o si no logran esos propósitos ¿qué vendrá? ¿"Borrarlos"?

En vez de revocar hay que convocar: la reconciliación empieza por casa. Los escenarios están dados para transformar el territorio, lo que falta es voluntad de cambio. Más allá de conspiraciones, narcisismos, peleas sin ton ni son, despotismos, dogmatismos, vanidades, fetichismos, fanatismos, y demás mezquindades bananeras, la invitación, se los repito, se los repito, se los repito con insistencia es que en vez de revocar, hay que convocar a las fuerzas vivas, a la academia, a la sociedad civil organizada, a los empresarios y demás actores claves, en un esfuerzo desprendido de ambiciones personales, egoísmos e intereses unívocos, hacia deliberar y concertar una apuesta estratégica de ciudad moderna, competitiva, solidaria, comprometida con la paz, la convivencia, el progreso y la igualdad, y, más que todo en un gran foro abierto, dirigido a comprobar que en Colombia se puede cambiar las armas por las urnas, al punto que quienes las empuñaron en otra época y bajo otras concepciones políticas e ideológicas, pueden gobernar desde otras miradas y hasta conseguir que después de la guerra, sin odios, nos podamos mirar a los ojos en la Colombia del Siglo XXI.

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