La pupitrocracia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Sea cual fuere su polémico contenido final, la manera como se aprobó la Reforma Tributaria una vez más nos marca el sistema de gobierno colombiano: somos una pupitrocracia. Al igual que la malograda Reforma a la Justicia y que otras leyes y actos del Congreso, durante este año que termina se impuso de nuevo la irresponsabilidad o la politiquería de la gran mayoría de nuestros congresistas, con valiosas excepciones que de todas maneras deberían hacer notar más la inconformidad con sus colegas.

Se supone que el Congreso es esencialmente un órgano deliberativo, donde se exponen, escuchan y debaten ideas y propuestas en representación de 46 millones de colombianos que no podemos estar todos ahí porque no cabemos, porque no servimos para eso o porque nos gusta hacer otras cosas. Sin embargo, por un lado, allí la deliberación es mínima y, por otro lado, esa representatividad es bastante cuestionable ante los consabidos vicios y errores de nuestro sistema electoral. El Capitolio es una vitrina donde se anuncian decisiones ya tomadas bajo las mesas y en los rincones.

El ya famoso pupitrazo consistía -y consiste aún en la mayoría de cuerpos colegiados del país- en que los honorables daban con la mano un golpe en su mesa de trabajo para manifestar su aprobación a los actos propios de su órgano. Entiendo que hoy lo hacen por medios electrónicos, pero la expresión sigue siendo la misma porque en su esencia da igual un golpe en una mesa que apretar un botón o una tecla o sacar una balota. Es la misma muestra de cómo se maneja el país.

De todas maneras este mal no es gratuito, pues los ciudadanos también votamos a pupitrazo cuando elegimos. Ahí empieza a marchar mal el asunto. Elegimos a ciegas, movidos por motivos baladíes cuando no por estímulos de varios tipos, unos santos y otros no tan santos, y eso cuando no es que nos quedamos en la casa o dejamos ese tarjetón vacío.

En especial para el Congreso, votamos facilito por cualquiera entregando nuestro futuro a una persona que no conocemos bien, ni sabemos de su pasado, ni de su presente, menos de sus propuestas si las tiene, ni de sus amistades y socios, ni sobre sus intereses, empresas o negocios. Mejor dicho, nos montamos en un carro con cualquier conductor que no conocemos y que hasta borracho puede estar. Y lo peor: con él montamos también a la familia, a los hijos, porque eso es votar.

¿Cuándo será que en vez de quejarnos tanto por las actuaciones de los congresistas le paramos bolas a su elección? No nos engañemos: aquí lo importante son las elecciones para cargos unipersonales, y de la elección de los cuerpos colegiados poco nos ocupamos. Luego vemos las consecuencias. Aparecen sorpresitas como inhabilidades, incompatibilidades, recusaciones, intereses personales, apoyos raros, componendas y negociados, casi todos previsibles y conocibles antes de votar con una mínima esculcadita por parte de cualquier ciudadano del común.

Ojalá escarmentemos con todo lo que pasó este año, y hayamos tomado atenta nota nombre por nombre para no cometer errores en las próximas elecciones del 2014. Haciendo un balance desapasionado y sacando un promedio, en Colombia no nos ha ido tan mal con los presidentes, pero con los congresistas el saldo histórico es rojo sin que destacadas y brillantes figuras que han pasado y pasan por el Capitolio alcancen a disminuir la intensidad de ese carmesí, y me pregunto si en Colombia no sería otro el cantar con mejores Congresos.

Si. El presente y futuro de nuestro país se forja a pupitrazos por una gran mayoría de nuestros congresistas, en gran parte como lógica consecuencia de que los ciudadanos los elegimos también a pupitrazos, o mejor, a tarjetonazos.

Aldaba: Feliz y reflexivo 2013 amables lectores, y gracias por aguantar mis desahogos durante este 2012 que muere. Igualmente a toda la gran familia de EL INFORMADOR.

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