La Navidad, ¿una fiesta pagana?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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Suponemos que la Navidad es un acontecimiento sacro que se celebra todos los 24 de diciembre como un homenaje al nacimiento de Jesús. Pero, sucede que tal fecha no corresponde a la realidad histórica del acontecimiento referido, toda vez que las Sagradas Escrituras -con el permiso del Sr. Procurador- señalan al 24 de Enero, como el día autentico para la celebración de la Navidad.

No se lo que diga el Talmud de los judíos, el Corán de los Musulmanes o el Bhagavad Gita de la India o cualquier otro libro sagrado, pero lo que si se es que el 24 de diciembre, como fecha del nacimiento de Jesús, ha sido seriamente cuestionada por varios historiadores.

Sea o no el 24 de diciembre la fecha correcta para celebrar la Navidad, lo cierto es que este sacro acontecimiento lo hemos convertido en una fiesta pagana, donde Baco, el Becerro de oro y la sociedad consumista se han adueñado en forma dictatorial de esta sagrada celebración.

La verdadera reflexión, la saludable meditación y la oración consiente han sido sacadas con violencia suma de uno de los acontecimientos de la humanidad que, aunque lo pongamos en duda y nos riamos de ello, es una elevada fiesta mística del corazón y del alma.

Esta Navidad pagana que celebramos, es un engendro del capitalismo, el cual la ha reducido a una fiesta de mercado persa, donde las compras que se realizan son para rendirle tributo al dios Baco, la gula, y demás manifestaciones sicalípticas del cuerpo.

Es así como algunos nos convertimos en testigos atónitos del desarrollo de esta fiesta. Como robots nos movemos de un lado a otro con el propósito de satisfacer las exigencias consumistas de esta era bárbara del capitalismo salvaje. Con irresponsabilidad manifiesta, el hombre convertido en un títere más del paganismo, hace compromisos para emular con amigos y vecinos las pomposidades que por la influencia de la sociedad consumista, tiende a superarlas que como es apenas natural puede sobrepasar a sus posibilidades económicas, desestabilizando mas tarde las obligaciones del hogar.

La fiesta del corazón donde debe reinar la paz, del alma, donde su fortalecimiento místico se hace necesario para continuar con la carga de esta pesada cruz que todos los días de nuestra existencia se nos hace más pesada sino hacemos un alto de profunda reflexión y contrición en el camino.

La decadencia de las fiestas de nuestra Iglesia es tan escandalosamente salpicada de alcohol, música estridente y bailes modernos que hieren nuestro sentido visual, no son otra cosa que la repetición de un carnaval de nuestro Caribe alegre. Similar situación se presenta en la celebración de nuestra semana santa, donde el imperio del paganismo se puede observar sin reserva alguna casi en todos hogares colombianos, donde el desenfreno de los sentidos es el más homenajeado y consentido de los celebrantes.

Paradójicamente en el desarrollo de estas fiestas se disparan en forma alarmante la perpetración de los delitos más condenables. Con fácil ejecución se multiplica el asesinato, el homicidio, las violaciones, los robos, los secuestros y de más transgresiones de la ley.

Con frío e inusitado animo, la radio, la prensa escrita, la televisión y de mas medios informativos, les anuncian al pueblo que el índice de delitos de las fiestas navideñas, esta vez ha sido superado, cuando se concibe que la navidad es una fiesta del corazón y del espíritu, donde el recogimiento, la oración y la reflexión deben ser nuestros convidados especiales, el crimen, las celebraciones aberrantes, la gula desenfrenada, el adulterio y otros delitos no menos execrables, los han desplazado con fuerza demoniaca. Que esta Navidad cambie la naturaleza de su celebración para que la verdadera paz y alegría del corazón nos cubra de esa tranquilidad espiritual que necesitamos todos los colombianos.

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