La crisis de Chávez

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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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Innegablemente, Hugo Chávez, es un hombre excepcional desde el punto de vista somatosíquico -"hay que dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar"-. No todos los hombres a quienes se les ha diagnosticado cáncer en cualquier espacio de su cuerpo, ha tenido la positiva reacción de Chávez; aunque por dentro haya estado desmoronado, no lo ha demostrado, su faz, en lugar de demostrar derrumbamiento, desazón o desconcierto, ha exhibido a sus amigos, enemigos y al pueblo venezolano, una apariencia rebosante de salud, un mensaje de optimismo a su pueblo a través de una sonora y amplia carcajada.

En tales circunstancias, Chávez ha contado con una "suerte" a toda prueba. La lealtad de sus amigaos y colaboradores ha sido paradigmática y la invariable constancia de su pueblo grita a los cuatro vientos que moriría su lado.

Comprendemos perfectamente bien las circunstancias de orden político, y más que todo económico, que han producido el fenómeno Chávez, el cual, por ahora, no es el momento propicio analizarlo.

Por ahora, como humanos, lo que más nos interesa es la salud de Chávez. Según partes médicos, el estado de salud del Presidente Venezolano es seriamente preocupante. Algunos hablan de "cáncer recurrente", aquel que, después de haber afectado seriamente cierta zona de cuerpo, la fuerza de la quimioterapia, aparentemente lo cura, pero más tarde da la vuelta y regresa al mismo punto, y como ese punto se encuentra supremamente débil a raíz de las anteriores quimioterapias, la recurrencia puede provocar una metástasis que inevitablemente arrastraría con la vida del comandante.

Otros galenos opinan que las reiterativas radioterapias practicadas al Presidente Chávez, desde el 2011, han debilitado enormemente el organismo del líder venezolano que, cualquier otro tratamiento fuerte con la intención de salvarlo, seria correr un peligroso riesgo mortal.

Asimismo hablan del riesgo fatal que correría si se le practica una nueva operación, pero esta vez la "suerte" de Chávez parece que lo abandonará un poco, ya que se tendrá que someter a otra operación por fuerza mayor, ya que hay que extirpar otro tumor maligno que le apareció en otra parte del cuerpo.

Como cristianos, como seres humanos sensibles, no podemos menos que desearle al Presidente Venezolano, líder político de nuestra hermana patria, la mejorar de las suertes.

No lo estamos deseando, pero en el peor de los casos, si el Presidente Chávez fallece, ¿que pasara con Venezuela?¿Quién lo reemplazara? Parece ser que la respuesta de las ultima pregunta e obvia: el vice- presidente Maduro, pero como la política en el mundo e supremamente impredecible, ¿quién si no es Maduro? Me parece que Rangel, pero esta elección me pone a dudar seriamente, en cuanto a que Rangel pueda realizar una buena administración para los venezolanos. Primero, su edad. Segundo, su fina condición de lacayo. Así lo demostró cuando fue su embajador en Colombia. Y tercero, cuando en su condición de periodista, le hizo la entrevista más arrodillada del mundo, para la época de las pasadas elecciones venezolanas.

Naturalmente que es incierto el futuro de la suerte política, social y económica del pueblo venezolano, más cuando hoy no está muy bien, sobre todo en lo que tiene e que ver con el manejo del petróleo, fuente básica de la economía venezolana, patrimonio valioso del pueblo, cuyo tratamiento económico que le ha dado el comandante, oscila entre la irresponsabilidad y la locura.

Su generosidad con el "oro negro" con los países alineados en el "nuevo socialismo", es tan exorbitante, que pronto vaciará sus pozos de la dicha. Y ¿Qué hará después, si aún vive? Supongo que sí es un presidente visionario ya tendrá las maquinarias, elementos necesarios y personal profesional para reiniciar una nueva exploración en busca del "oro negro" y así reemplazar al que irresponsablemente dilapidó y devolverle la incalculable riqueza que a estas alturas aún tienen los Venezolanos y que nadie es capaz de abrirles los ojos para que lo defiendan.

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