Miguel Calero

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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Ha muerto en ciudad de México, un arquero que lloraron en México y en Colombia, toda vez que en el Pachuca equipo donde terminó su vida profesional, era un ídolo y sus homenajes póstumos nos permitieron ver que había dejado una huella indeleble y su trascendencia dio origen a que fuera enterrado como un héroe.

Tenía personalidad arrolladora, sentía y sudaba la camiseta como pocos, entregaba todas sus fuerzas al onceno que representaba y le dio con sus atajadas mucha felicidad a mexicanos y colombianos.

Aunque fue el tercer arquero en la selección Colombia al lado de Oscar Córdoba y Farid Mondragón, cuando le correspondió ser titular jugaba mostrando que quería ser el número uno.

Su sentido profesional, su seriedad innata, su pasión por el futbol hacía que fuese respetado y respetable entre sus compañeros de club o selección, entre los aficionados y entre los equipos contendores.

Dejaba en la cancha el alma, por eso lo recordarán con cariño, en todas partes y en todos los clubes en los cuales jugó como guardavalla. Tuvo una característica semejante a otro portero también colombiano René Higuita y es que cobraba los tiros libres mejor que los delanteros y naturalmente por esa razón generalmente era quien los ejecutaba o a veces estaba en el área para cabecear y muchas veces sus cabezazos se convirtieron en gol.

Su sentimiento futbolístico le llegaba tanto a su corazón, que vivía intensamente todas las jugadas y celebraba con verdadero júbilo las victorias y las anotaciones. Así mismo el desconsuelo se le notaba en las derrotas y en los goles en su contra.

Hay que resaltar su sencillez, jamás se envaneció. Sus triunfos no lo endiosaron sino por el contrario guardaba siempre compostura y humildad. En todos los escenarios e incluso fuera de las canchas en su vida pública, personal y privada jamás dio escándalos o salidas en falso. Todo lo anterior hizo que la gente lo admirara y apreciara en su justa medida.

Fue Capitán porque sus compañeros lo elegían y su hinchada dado su liderazgo, consideraban que debía ser el que mandara en la gramilla, los jugadores atendían y acataban con gusto sus gritos, su dirección y sus llamadas de atención. Estas cualidades dieron lugar a que se constituyera en los partidos en la mano derecha del técnico de turno.

Su fallecimiento nadie pensaba que fuera tan prematuro, a pesar de que problemas vasculares lo acompañaron desde muy joven. Quizás por ello su retiro se produjo teniendo facultades plenas como guardameta, pero su olfato y sentido ético y de compromiso le aceleraron su proceso del abandono de los estadios.

Su elasticidad y condición atlética, se manifestaba en esas estiradas en que como un caucho saltaba y atrapaba el balón. Su buena colocación y su manejo de la barrera, más conociendo por ser pateador lo que significaba un tiro de pelota quieta, le daba seguridad en el arco.

El clamor popular, el deseo de los dirigentes del Pachuca y el apoyo de los jugadores compañeros del club, ha hecho que al unísono estén tratando en su honor de que no haya más camisetas número uno en lo referente al Pachuca. Igualmente se erigirá una estatua en el pueblo Pachuca y una calle tomará su nombre.

Otra ofrenda están para cristalizarla es poner la escuela de arqueros de futbol del Pachuca con la denominación Miguel Calero.

Es pertinente y relevante un memorable encuentro con Argentina en que Calero le tapó un penalti al delantero Palermo, en aquella tarde en que este último jugador por los nervios que le produjo esa atrapada botó las otras dos penas máximas. Estoy seguro de que Palermo nunca lo olvidará.

Otra característica especial es que era colombo mexicano. Los mexicanos lo quisieron tanto que le dieron su nacionalidad.

Otro hecho destacable es que su traspaso del Deportivo Cali al Atlético Nacional en la época en que se sucedió fue el más oneroso, pagaron cerca de 1´300.000 dólares. No había habido en la historia de nuestro futbol una transacción tan alta. Es de anotar que en los dos equipos nacionales en ambos perteneció a la nómina ganadora de la liga colombiana.

Sentimos orgullo patriótico por el excelente deportista y Colombia siente su vacío. Ojalá sirva como ejemplo a las nuevas generaciones de jugadores del balompié nacional.

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