El mito de los sueños

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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La mayoría de los fenómenos que se escapan de la comprensión de nuestros cinco sentidos exteriores se quedan flotando en el terreno insondable de nuestro subconsciente, sin ninguna esperanza de poder evidenciarlo.

Los sueños, las premoniciones, las apariciones y los demás fenómenos que pertenecen al mundo de lo suprasensible, han quedado flotando en el espacio esperando a que alguien le halle una lógica explicación.

Pero, lo más lamentable de todo esto, es que a quienes tratan de embarcarse en semejante "maremágnum" de explicaciones lo tildan de loco u ocioso, por estar perdiendo el tiempo en averiguar fruslerías.

De "oscuro" calificaron al presocrático Heráclito cuando afirmó que el hombre está dormido porque no sabe lo que sueña y de loco porque predijo un eclipse.

Freud, a pesar de que fue criticado acerbamente por haber puesto en marcha la teoría del psicoanálisis, perseveró en ella hasta conseguir que el famoso médico neurólogo francés, pionero del estudio de las enfermedades mentales, lo aprobara y lo convirtiera en su alumno, un alumno aventajado quien logró poner en práctica su teoría y obtener marcados éxitos con su aplicación.

Mas tarde, como buen amigo de las cosas suprasensibles, exploró lo enigmático de los sueños y escribió voluminosos volúmenes sobre ellos, "El significado de los sueños" es, para mi, el más importante de estos libros. Allí, mediante lógicas explicaciones, dice que los sueños son símbolos dicientes, significativos mensajes que hay que saber desentrañar sus significados. Que son vivencias y avisos sepultados en el subconsciente que el hombre debe descifrarlos.

Teniendo en cuenta la afirmación de Freud, el filósofo contemporáneo Weor, afirma que la única manera de evidenciar lo que dice Freud, es volver consciente el inconsciente, que hasta ahora el hombre común y corriente solo tiene un tres por ciento de la conciencia despierta, que cuando logra tener mas de tres, es un ser humano que se sale del montón, capaz de viajar, por medio del "intueri" de Bergson, al centro del misterio de la cosa misma y hallarle la verdadera solución.

Lo cierto es que si reflexionamos con juicio sobre las anteriores afirmaciones, encontraremos en ellas cierta lógica que nos sorprende. Por ejemplo, ¿por qué existen las diferencias que hay entre las inteligencias de los hombres? ¿Acaso todos no nacemos con el mismo número de neuronas, un corazón, un hígado, dos pulmones, etc.? ¿Cuál es la razón de la existencia de los niños prodigios que hasta ahora ni la Ciencia ni la Sicología han podido resolver? Enigmas, enigmas, preguntas que se pierden en la noche de los tiempos.

Innegable es el hecho de que en el mundo de la Ciencia existen tantos fenómenos resueltos, no precisamente a través del razonamiento, sino por medio de la intuición o de una revelación en un sueño. Tal es el caso del químico Kekulé, quien vio en un sueño la fórmula del Benceno y al despertarse la copió toda al pie de la letra. Fórmula que hoy usan los estudiantes de Química en todos los niveles de enseñanza. La misma Biblia habla del sueño que Daniel le descifró al rey Nabucodonosor, cuando éste se lo solicitó, bajo el impasse de que el asunto se le había ido. Y Daniel se lo descifró sin que el Rey le hubiese contado el sueño. ¿Cómo hizo? Enigmas, enigmas.

Nuestro Nobel, Gabriel García Márquez, nos cuenta una anécdota sugestiva que viene al caso. Se trata de que en cierta ocasión tomó un taxi que nunca lo había tomado porque siempre que lo veía pasar estaba ocupado. Una vez sentado al lado del conductor le contó el hecho y al final lo felicitó porque era un taxista con mucho trabajo. El taxista le contestó que eso no era cierto y que lo que él estaba contando se lo habían contado otros pasajeros que no tomaban el taxi porque siempre veían al lado de él un pasajero sentado vestido todo de blanco, situación que no era cierta. ¿Una aparición? ¿Un fantasma? Tal vez esto corrobore lo que ha dicho la escritora Anie Besan que los muertos se quedan con su cuerpo atómico en la tercera dimensión y que solo pueden verlos quienes tienen cierta cualidad psíquica.

¿Así estaremos nosotros de dormidos? Por algo nuestro Nobel es el escritor vivo más grande del mundo.

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