Se necesita un filósofo en el diálogo: Estado vs. Guerrilla

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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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Desde el punto de vista etimológico, la palabra Filosofía significa "amor a la sabiduría", pero el significado más explícito para mi es: "Ciencia que trata establecer un conocimiento racional del Universo".

Grecia, desde la organización del conocimiento, ha sido el pueblo que más importancia ha tenido en ese aspecto. Es, por supuesto, con Anaxágoras, Tales de Mileto, Heráclito, Demócrito, Parménides, Sócrates, Platón, Pitágoras, Heródoto, Homero, Plutarco, Demóstenes, Fidias, Ovidio y otros no menos interesantes sabios de la historia, que Grecia se presenta al mundo como gestora e inspiradora del conocimiento.

Aunque este pueblo fue cuasi perfecto en todas las manifestaciones físicas-espirituales del ser humano y hoy se encuentra enredado entre los procaces valores materiales, devaluaciones de la moneda y agudas crisis económicas en todos los órdenes, Grecia no ha dejado de ser para el mundo la genuina y auténtica cuna del saber.

Su influencia universal ha sido tan determinante en el mundo de la mente y el espíritu, que aún estudiamos las Matemáticas y la Física usando las letras de su abecedario como símbolos, del teorema de Pitágoras no podemos prescindir en ninguna construcción por moderna que sea. Sus principios sobre el Derecho navegan expeditos en cualquier litigio o audiencia.

Hablar de Historia sin citar "las mueve musas" de Heródoto, es una herejía. Omitir a Ovidio cuando tocamos el tema del amor, es tanto como ofender a ese sentimiento tan puro como perfecto. Y si en una polémica olvidamos el uso de la "erística", entonces es mejor guardar silencio.

Todo el anterior introito es para referirme al vulgarmente pendenciero, arrogante y "circunspecto" dialogo que se llevó a cabo en Oslo. Mientras que Iván Márquez pronunciaba un discurso veintijuliero, plagado de una tautología desesperante, una arrogancia insoportable y unos espacios llenos de lugares comunes y ofensas descarnadas, el Dr. De la Calle se limitaba a asumir un grave rostro con aspecto autosuficiente y cara de pocos amigos. Solamente a una pregunta corta dio una repuesta corta llena de cortante filosofía: -conteste sí o no, ¿lo impresionó el discurso de Iván Márquez?

- Para una pregunta corta, una respuesta corta: -no-respondió.

De allí en adelante, todo fue anodino. Los periodistas siguieron preguntando y el Dr. De la Calle siguió evadiendo las respuestas so pretextos de que no estaban contempladas en el marco de los puntos firmados por los plenipotenciarios de ambas partes.

Ya sabemos que Iván Márquez no respetó lo pactado anteriormente por las partes intervinientes en el dialogo. En su intervención hablo de todo. Habló de lo que estaba fuera y dentro del marco del acuerdo. Una vez terminada su intervención, se paró de la silla con una sonrisa de oreja a oreja, se paseó por el espacio de su puesto y exhibió al mundo entero su "panza" de guerrillero bien mantenido y con una mente despejada de preocupaciones por los ataques de ametralladoras, fusiles, helicópteros artillados de nuestro Ejército Nacional. ¿Qué le paso al político De la Calle? ¿Dónde dejó sus conocimientos de la Política Internacional? ¿Acaso se le olvidó el manejo de la buena Sicología, el uso de la "erística" en el diálogo, de la dialéctica demoledora que ha usado en otros casos?

Muchas veces nos equivocamos al elegir un candidato que nos represente eficientemente en determinado conflicto internacional, tal es el caso del Dr. De la Calle, quien nos falló por sobre-actuarse, por hablar con temor o por híper-respetar los cinco puntos pre- establecidos en el convenio, a pesar que Iván Márquez los irrespetó, los pisoteo y bailo, exhibiendo su enorme panza al mundo, "rap" sobre ellos.

En consecuencia, hay que cambiar al Dr. De la Calle. En su remplazo yo propondría a Enrique Santos Calderón, amigo de andanzas de G.G. Márquez, el rey del "mamagallismo", de quien ha aprendido, digo yo, el manejo de esa filosofía popular demoledora. Autor de "contra-escape" y conocedor del país político, histórico, económico y guerrero como el que más.

Para mí, Enrique Santos tiene suficientes valores y valor para remplazar al Dr. De la Calle. No en balde fue el fundador de una columna periodística llamada "contra-escape" -la columna más leída de entonces y predilecta de la juventud- en un periódico nada de izquierda, pero con una alta dosis de manejo de aquella frase llena de solidaridad y sindéresis: "no estoy de acuerdo con lo que dices, pero hare todo lo posible porque lo digas".

Así las cosas concibo que en el diálogo de Oslo al Dr. De la Calle le faltó filosofía, poesía y sentido del humor para manejar una situación tan seria como la búsqueda de la paz colombiana.

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