Petro y Caicedo, parecidos pero diferentes

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Escrito por:

Jacobo Solano Cerchiaro

Jacobo Solano Cerchiaro

Columna: Opinión

e-mail: jacobosolanoc@hotmail.com

Twitter: @JacoboSolanoC

Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá, y Carlos Caicedo, Alcalde de Santa Marta, dos personajes de la llamada izquierda moderna democrática que llegaron al poder después de muchas dificultades, en el pasado fueron perseguidos políticos, coinciden en su visión transformadora y social. Pero se diferencian en los resultados de sus primeros meses de administración.

Gustavo Petro, comienza a tomarle el pulso a Bogotá, a pesar de un inicio lleno de renuncias y de un enfrentamiento abierto con muchos sectores de la élite bogotana, que no acepta que un ex guerrillero y, de ñapa, costeño, rija los destinos de la ciudad, acostumbrada a contar con dirigentes de la misma rosca.

Gran parte de sus primeras medidas han sido muy polémicas, sin embargo comienzan a dar frutos; como el reordenamiento del pico y placa, que en alguna medida, mejoró la movilidad de la caótica urbe; el índice de violencia en Bogotá bajó producto de la medida de desarmar a sus habitantes; la peatonalización de la Séptima, a la que tanto se oponían los comerciantes, hoy se ve reflejada en el incremento de las ventas, menor contaminación en la zona y mayor seguridad; los Camad (Centro de Control al Drogadicto), se convierten en una alternativa a personas que no tienen otra salida que consumirse en el peor de los mundos, la droga; la extensión de la jornada escolar de 5 a 8 horas diarias; la suspensión de las corridas de toros, que no es del todo democrática, pero tiene un mensaje positivo contra el maltrato animal; y por último, su preocupación para que los estratos 1 y 2 tengan agua gratis. Le dan a Petro un buen balance, y aunque no es para elevar campanas al vuelo, sí han generado expectativas positivas y pueden marcar un rumbo en su gobernabilidad.

Pero mientras en Bogotá hay sol, en Santa Marta los nubarrones cubren la ciudad, por la gestión que adelanta Carlos Caicedo, que para ser francos no le ha tocado fácil. Recibió una ciudad quebrada, desordenada, plagada de corrupción de la vieja política y concesionada, con un pasivo cercano a los 50 mil millones de pesos.

Las deudas del distrito con entidades del sector salud, alcanzan los 45 mil millones. Por el lado de la educación, el pasivo asciende a 1.368 millones y las otras cuentas por pagar suman 47 mil millones, según afirma el portal La Silla Vacía. Pero cuando hay liderazgo, por más difíciles que sean los inconvenientes, la mano de un buen mandatario se nota.

Lo que no ha pasado con Caicedo, que se ha dedicado a cazar todo tipo de peleas con el Concejo Municipal, los medios de Comunicación y parte de la ciudadanía, que ya comienza a exigirle resultados; adicional a eso, parece ser que tiene trauma de poder y su condición autoritaria e impositiva, no lo deja gobernar de la mejor forma y gran parte de su gabinete: Gobierno, Secretaría General, Planeación, Educación, Jurídica, Proyectos Turísticos y La dirección de Cultura, Deporte y Turismo, han renunciado. Por el bien de la bahía más linda de América esperamos que el alcalde logre controlar un poco su temperamento y direccione su gestión en beneficio de la gente. Dos líderes que generaron grandes expectativas pero con resultados diferentes hasta el momento.

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