La salud de los presidentes

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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

e-mail: gusherlo@hotmail.com

Con ocasión de la enfermedad de nuestro Presidente Santos, consistente en un tumor en la próstata, motivo por el cual fue necesaria una intervención quirúrgica para extraerlo y cuyos resultados fueron ampliamente satisfactorios, según el informe de los galenos y, al encontrarse el Vicepresidente Angelino Garzón en delicado estado de salud, el mismo Senado por conducto de su Presidente Roy Barrera solicitó un examen médico de quien debe reemplazar al Jefe de Estado en sus ausencias absolutas de sus funciones, como reza en la carta magna.

Ese chequeo a Angelino Garzón a mi juicio de simple responsabilidad institucional, no se pudo realizar por cuanto el Señor Vicepresidente no se prestó para ello, argumentando que él no iba a darle un golpe de estado al Presidente Santos.

Aquí se trataba de verificar si ante una eventual circunstancia de que el primer mandatario no pudiera ejercer sus responsabilidades, quien por norma constitucional debería sustituirlo estaba o no en condiciones mentales, físicas y psicológicas de asumir dicha importante posición.

Antes de que se produjera la sorpresiva operación a la cual se sometió al Presidente Santos y debido a la situación crítica que en un momento dado tuvo el Vicepresidente desde el punto de vista de su precaria salud, se empezó a ventilar y analizar el tema, sin duda de relevante importancia y el cual había pasado desapercibido.

Incluso se especuló con la determinación del camaleónico Presidente del Congreso que a lo mejor lo hacía buscando una paloma presidencial. Conociendo el personaje no es de extrañar que hubiese de su parte tal intención. Pero la ley de leyes no contempla esa posibilidad.

En todo caso frente a estas situaciones normales que se pueden presentar toda vez que nadie está exento de un accidente o una enfermedad que impida el ejercicio de sus funciones; sí se requiere que los candidatos presidenciales y su fórmula presidencial y más aun si son elegidos estén previos exámenes médicos debidamente establecidos y reglamentados en inmejorables condiciones de salud.

Algunos Presidentes en Colombia no han podido ejercer como corresponde, dado que sus impedimentos físicos y de indisposición no les han permitido cumplir con sus deberes presidenciales.

Por ejemplo, Laureano Gómez en quien se tuvieron tantas esperanzas como gobernante dada su trayectoria política, como quiera que se destacara como un opositor de miedo, un excelente parlamentario y un orador brillante. Al año del ejercicio presidencial renunció por causa de una enfermedad que lo aquejaba. Asumió el primer designado Roberto Urdaneta Arbeláez, pues aún no existía la institución vicepresidencial.

También con Virgilio Barco ocurrió que después del primer año de gobierno se acrecentó tanto su mal de Alzheimer, que sin notarse mucho, quien mandaba en los destinos del Estado era su Secretario General Germán Montoya. Lo anterior significa que el extinto Presidente Barco desde el momento en que asumió las riendas del Estado ya se encontraba en condiciones de salud que no eran las mejores.

En Argentina en la segunda Presidencia del General Perón, su esposa Isabel Martínez señalaba los rumbos de ese gran país y por ende vino el descalabro en todos los campos, en razón a la inexperiencia e impreparación para el cargo de esa demagoga mujer que dejó muy maltrecha a esa nación. Peor aún cuando la eligieron los argentinos para presidir ese pueblo.

En esta última década en América Latina hemos observado que varios Presidentes entre otros: Lula en Brasil, Lugo en Paraguay, Cristina de Kirchner de Argentina, Chávez en Venezuela, la actual mandataria de los brasileros Dilma Rousseff y ahora Santos en Colombia han padecido canceres que han sido superados.

En la antigua Unión Soviética muchos de sus Jefes de Estado, enfermos y casi que en cuidados intensivos, no los mostraban, ni había acceso a ellos, porque debía guardarse el secreto y poco se sabía de sus actividades en la misma esfera gubernamental.

En mi sentir sí es prudente efectuar un examen riguroso en materia de su estado de salud de aquél que va a ocupar la primera magistratura del Estado, en la misma forma respecto del Vicepresidente elegido, puesto que al menos se presume que con el visto bueno de los facultativos, podrá haber más garantía de servicio a sus conciudadanos.

No hay que olvidar de que el trabajo al frente de un Estado es pesado, de muchas horas de trabajo, de mucha tensión, la fatiga mental es resultado de sus mismas angustias y naturalmente es requisito sine qua non estar en óptimas condiciones en todos los aspectos con miras a afrontar ese tan alto compromiso.

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