La democracia no es la solución

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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

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La solución para remediar la profunda crisis en la que se encuentran inmersos los partidos políticos de Colombia, difícilmente es la democracia. Resulta que el sistema de consultas está lejos de ser incluyente, pues esta contienda es poco concurrida y por consecuencia, fácil de manipular.

Las consultas internas lejos de premiar a los buenos militantes, es un herramienta que le facilita a los señores feudales, dueños de los votos, hacerse con la dirección de los movimientos políticos. Este sistema no premia la preparación de los candidatos, tampoco reconoce la devoción por las ideas y las propuestas.

Una de las razones es que estas acontecen en un período no electoral, disminuyendo la afluencia de votantes, haciendo fácil el trabajo para lo que tienen gran experiencia con el manejo de las maquinarias, pues sólo hacen falta unos cuantos votos para asegurarse la victoria. ¿Será que es la victoria de los más adecuados? Lo dudo, quienes se hacen con la mayor cantidad de votos son aquellos con un gran músculo electoral, no necesariamente los más lucidos y los mejores defensores de las ideas que los partidos pregonan defender. Pues el voto de opinión es irrisorio en este compromiso democrático.

Las gentes que resultan electas de este ejercicio electoral, son muy poco cercanos a la opinión, pues son aquellos feudales a los que el grueso de la población aborrece, y quienes han generado que los partidos políticos pierdan prestigio en la población. Pero es aún más preocupante el desprestigio de los partidos, pues este centra la política en personalismos aún más nocivos para facilitar la inclusión en los procesos electorales, pues una campaña personalista es mucho más cuantiosa que aquellas que son colectivas, en este mismo orden de ideas, un político gasta más dinero cuando los partidos son débiles que cuando no lo son, incrementando de esta manera la propensión a cometer un acto repudiable de apropiación ilegal del erario público.

Si en verdad quisiéramos combatir la corrupción, deberíamos pensar en mejores maneras de fortalecer a los partidos en vez de los personalismos. Sería mucho mejor promover las ideas a través de colectividades y no de individuos, esto va de la mano con mostrarle al público que las colectividades se componen de los más aptos para defender sus ideas. Esto sin duda se da con una restructuración interna de los partidos, premiando a quienes han aportado de manera transparente y seria, no como feudos dueños de unos cuantos votos que han conquistado con dadivas y no con ideas.

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