"A Dios rogando y con el mazo dando"

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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No comprendo a las Farc. Después de varios acercamientos - a sotto voce- con el Sr Presidente de la República, Dr. Juan Manuel Santos, para llegar hasta donde están, entonces lo primero que hace este grupo armado, es colocarle una enorme palanca a la rueda del desenvolvimiento de los acontecimientos que, como es apenas normal, paraliza automáticamente la evolución de cualquier conversatorio entre las partes. Me refiero a la petición que las Farc hicieran al Presidente Santos: traer de los E. U. a Simón Trinidad, para que se siente en la mesa de dialogo y participe en él, lo cual es tanto como "pedirle peras al olmo", partiendo del hecho de que el Sr Presidente de los Estados Unidos, Sr Barak Obama, le ha confesado al mundo que no intervendrá, por ningún motivo, en las conversaciones que por la paz, adelantaran en Oslo, el Presidente Santos y las Farc.

Gran desconcierto sembró en el Estado y los Colombianos la citada petición, conscientes de la imposibilidad de que la tal imposición se cumpla, lo que quiere decir, que de no cumplirse, todo se ira al traste, todo tocara su fin y lo que es mas grave, este seria - y que Dios nos tenga de su mano- el cuarto fracaso que un presidente colombiano obtendría al intentar concertar la paz con un grupo alzado en armas.

¡Que esquiva ha sido la paz para el colombiano! Durante más de cincuenta años el país no ha podido recuperar su tranquilidad espiritual, su estabilidad emocional y su seguridad física. Caminando temeroso entre el fuego cruzado, minas quiebra patas, secuestros indiscriminados y muertos despedazados, el colombiano se ha abierto paso para llegar horrorizado al siglo veintiuno.

Hoy, cuando todos estábamos a la expectativa, con un acentuado positivismo, para alcanzar la paz, una petición fuera de lógica, hace tambalear el añorado logro.

Más sin embargo, el pueblo colombiano, a pesar todo, sigue confiando en su Presidente y la sindéresis de las Farc. En el presidente, por su enorme dosis de optimismo, su marcada capacidad diplomática y su limpia e inteligente estrategia para salir airoso en casos similares. En las Farc, porque han demostrado, esta vez, tener un profundo interés en aprovechar esta oportunidad para reintegrarse a la vida civil y luchar por las vías legales la reivindicación del pueblo colombiano. Así se lo hizo saber Timochenco al pueblo en su discurso, el día de la inauguración de la concertación en cuestión.

Si temas como la devolución de tierras, la reparación a las victimas, la desmovilización de los alzados en armas a la vida civil, con aceptables perspectivas laborales, han sido escogidos y aceptados para discutirlos en la mesa de dialogo, ¿por qué no discutir el tema de Simón Trinidad con altura, lógica y sensatez, sin que ninguna de las partes se sitúen en el ángulo agudo de la discusión? Sabemos que es un tema asaz espinoso, un tema que prácticamente se le sale de las manos a las dos partes, pero estoy seguro que la buena voluntad de ambos negociadores, encontraran una micro rendija a través de la cual verán la correcta solución del problema.

"Lo único que no tiene solución en la vida, es la muerte", reza el adagio popular.

Dentro de mis posibles soluciones para el caso Simón Trinidad, existe una que, por ser la mas expedita, considero que es la que se debe escoger: la de dedicarle el tiempo necesario a solucionar el citado problema, una vez que se halla resuelto el capital tema de la paz.

Existe otra posibilidad, la cual me parece bastante asequible: que Simón Trinidad participe en la mesa de dialogo, a través de cualquier sistema moderno de comunicación a distancia, desde la cárcel de los EE. UU.

¿Existen otras? No me las imagino. De todas maneras, habría que investigarlas, explorarlas, ya que lo mas importante es solucionar el impasse que nos tendrá - ojala que no sea así- paralizada la solución del acto de Gobierno mas trascendental de los últimos tiempos.

Desterrar de la mesa de dialogo el proverbio popular "A Dios rogando y con el mazo dando", es una sana y sincera política de reconciliación.

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