El derecho a soñar

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

¿De cuándo acá en Colombia soñar se volvió un defecto, o por decirlo mejor, un trastorno del espíritu? ¿De cuándo acá ser ingenuo es ser estúpido? O incluso, si la inteligencia no se pone en duda, ¿de cuándo acá ser soñador, ingenuo o iluso es hacerle el juego a los grupos ilegales o conlleva seguir cierta ideología? Y voy más allá: ¿cómo así que ser optimista es estar perdido de la realidad?

Es una apreciación social generalizada en Colombia desde hace mucho, pero a raíz del reciente inicio del proceso de paz, sus manifestaciones se han incrementado dirigidas a quienes lo apoyan.

El carácter peyorativo de la ingenuidad en Colombia es otro subproducto más de la cultura mafiosa o del vivo, y el sentido despectivo dado al optimismo es fruto de tantos fracasos.

Miremos qué dice el Diccionario de la lengua española:

Soñar: "4. Intr. Anhelar persistentemente algo. Soñar con grandezas".

Ingenuo: "Candoroso, sin doblez".

Candoroso: "Que tiene candor, sencillo, sincero".

Candor: "Sinceridad, sencillez, ingenuidad y pureza del ánimo".

Ingenuidad: "Candor, falta de malicia".

Malicia: "Intención solapada, de ordinario maligna o picante, con que se dice o se hace algo… Maldad (? cualidad de malo)... Inclinación a lo malo y contrario a la virtud... Interpretación siniestra y maliciosa, propensión a pensar mal… Cualidad por la que algo se hace perjudicial y maligno".

Optimista: "Que propende a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable."

No faltará quien diga con cinismo que esos son solo significados teóricos y dados por una entidad ajena a la realidad colombiana, es decir, que son significados "ingenuos y optimistas". Es posible, pero no por ello los significados colombianos, o mejor "colombianizados", son los ciertos y los apropiados para que una sociedad funcione. La semántica popular es muy importante porque refleja el alma de los pueblos. En el caso de Colombia, la semántica acomodada indica que el alma del país está enferma.

Además, pensando de igual manera, no son pocos lo que creen y afirman que la Constitución y las leyes son ingenuas, ilusas, candorosas, optimistas, ensoñaciones. Y bueno, es cierto: sí que lo son, y lo deben ser, pues se trata de pautas a seguir, de principios, metas, normas para el actuar producto de elaborados razonamientos que buscan la convivencia ordenada y pacífica, legitimados además por pactos sociales. Así es en Colombia y así es en todo el mundo.

Sin embargo, en nuestro país a muchos les dio por pensar y decir que hay que tener los pies en la tierra, que hay que ser pragmáticos, que una cosa es la ley y otra la realidad; mientras otros se escudan en que como tantos piensan así y no cumplen la ley, entonces ellos no van a ser bobos y también lo harán para no perder.

También, ante los fracasos repetidos muchos asumieron la autoderrota total y adoptaron cierto pesimismo que a su vez generó inmovilidad mental y de acción por temor a más fracasos: cobardía y facilismo. Ahí fue cuando soñar se catalogó como un acto vano e inútil, ahí fue cuando se estigmatizó la capacidad de soñar, y eso es mortal para el progreso y el desarrollo de una sociedad.

Ha hecho carrera una frase que incluso es título de varios libros y artículos: "¿En qué momento se jodió Colombia?" Creo que Colombia se jodió cuando empezamos a pensar así, y solo encontrará la ruta del progreso y de la paz cuando dejemos de pensar así.

También creo que si empezamos a desatar las amarras de los sueños, si perdemos el temor a ser ilusos, ingenuos y optimistas, es posible enderezar el camino. Soñador, ingenuo y optimista que es uno… Listo…, y al amable lector le recuerdo que el periódico o el aparato que tiene en sus manos, o la pantalla que está frente a sus ojos, una vez fueron solo un sueño.

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