Gabriel García Márquez

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Gustavo Hernández López

Gustavo Hernández López

Columna: Opinión

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Ha cumplido 85 años de vida, los cuales este Nobel de la Literatura ha festejado en ciudad de México con alegría desbordante en compañía de su esposa Mercedes Barcha y sus más allegados.

Este importante magdalenense quien se siente orgulloso de serlo, desde sus primeros años mostró su interés por la lectura, las letras y por escribir, ese es el sentir de sus padres, amigos y profesores.

Mi propósito no es otro que el de contar algunas facetas humanas poco conocidas de este escritor que tanto prestigio literario nos ha dado en el mundo y cuya facilidad para la descripción de los pueblos, las personas y los hechos es singularmente notable y única.

A mi juicio su fina prosa se involucra con el lector en forma tal, que se vive y se aprende todo lo que él narra. Su realismo mágico creó una corriente literaria que justamente tiene ese nombre. Brotan sus palabras como un torrente de agua incontenible. Que buen manejo del idioma español. Da gusto leerlo.

Estudió la primaria primero en el Colegio Montessori en Aracataca su pueblo natal. Allí tuvo una profesora Rosa Elena Fergusson, mujer bella, quien lo dejó pasmado por su belleza. Era su motivación para ir a las aulas.

Luego siguió estudiando en La Mojana, en Sucre departamento de Bolívar, y estando en segundo de bachillerato en el Colegio San José de Barranquilla, se ganó una beca por ser el mejor alumno. Descolló desde muy joven en el aspecto intelectual.

Esa última circunstancia de sobresaliente estudiante originó que su padre le comunicara que se alistara para viajar a Bogotá, con el fin de que continuara sus estudios en la capital de la República.

Tomaron en Magangué el famoso vapor David Arango. Se embarcaron su padre, su hermana Ligia y Gabo. Dicho viaje se realizó a finales de 1943, le impactó para siempre, lo recuerda con especial cariño. Produjo una huella imborrable En ese corto periplo por el río magdalena conoció al compositor Marco Aurelio Álvarez, con el cual hizo una gran amistad.

En La Dorada, en la estación de Puerto Salgar, se montaron en el tren que los traería hasta la estación de la Sabana en Bogotá. Esa llegada a las 4 en el atardecer sabanero lo dejó muy desencajado y por ello él comenta" que quizás es la tarde más triste de su vida."

La Atenas Suramericana lo marcó, por cuanto a pesar de su amplio recorrido por el mundo, aún le sigue impresionando. Cuando él llegó por primera vez los cachacos eran vestidos de negro, con gabardina, con sombrero y con paraguas. El número de habitantes no sobrepasaba los 450.000.

En el barco David Arango tuvo la feliz oportunidad de conocer al director de becas del Ministerio de Educación y por ello él le recomienda presentar el examen para becarios. Entonces al principio quería su familia que fuese al colegio de los Jesuitas el San Bartolomé, pero este funcionario les indica que es un establecimiento educativo donde prevalecen las influencias y las intrigas y que les aconseja más bien pensar en el colegio de Zipaquirá.

En efecto entra en Zipaquirá, en su condición de estudiante interno, al Liceo Nacional de Varones, cuyo rector era Carlos Martínez, un educador con inquietudes intelectuales y amigo de muchos escritores. Lo involucró con las lecturas significativas en el campo universal.

Allí se pudo apreciar como un joven tímido, que no gustaba de la vida social, un gran lector, escritor en solitario y observador del comportamiento humano. Tenía una enorme capacidad de observación, decían sus compañeros. Aquí también se evidenció su poco interés por la gimnasia y jamás practicó deporte alguno. Hablaba de poesía y literatura.

Gabo le hizo saber a su rector que le gustaría conocer a los poetas y escritores de la época y Carlos Martínez quien tenía como lo hemos comentado amistad con varios de ellos, le invitó al mismo colegio a Jorge Rojas y a Eduardo Carranza. Tal vez esta relación temprana con estos hombres líricos, hiciera que García Márquez dijera que "Bogotá era la ciudad de los poetas".

Con su tío Jaime Valdeblanquéz, dos años mayor que Gabo, examinaban siendo adolescentes la lucha mutua entre cachacos y costeños y en su parecer este hecho tuvo mucho que ver con la separación de Panamá.

Con el Alcalde Petro coinciden en algunos asuntos, pues tienen en común su ideología comunista, su mismo colegio de Zipaquirá y el hecho de que a Gabo le fascinaba montar en tranvía en Bogotá y ahora Petro quiere poner ese medio de transporte por la carrera séptima.

Cuentan que su primera novia se llamaba Consuelo, hija del director de la banda de Zipaquirá, Guillermo Quevedo. Se acercó a ella dada su predilección por la música.

Es de resaltar la amistad con Fidel Castro y su apoyo por ende a su revolución. A Cuba llega como si fuera su propia casa. La mayoría de nuestros Presidentes han tenido una buena relación con Gabo. Con Nuestro actual primer mandatario sus vínculos son del alma.

Es lamentable que según algunas versiones periodísticas, se encuentre Gabo con principios de Alzheimer. Aquí se comprueba una vez más que así la persona sea lectora empedernida no está exenta de esta enfermedad. Lo mismo sucedió con nuestro querido político, escritor, profesor y gran amigo Abelardo Forero Benavidez, quien al final de sus días padeció la misma perturbación mental.

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