Olvidarlo todo

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Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com

"Ayer se fue, mañana no ha llegado, / hoy se está yendo sin parar un punto, / soy un fue, y un será, y un es cansado […]".

Es la cita al poema de Quevedo que encontramos en el último capítulo del libro 'El olvido que seremos', del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Como por cosas del destino escribo este artículo el 25 de agosto de 2012, luego de haber leído este libro maravilloso en el que Abad narra la historia de cómo, hace exactamente veinticinco años, su padre Héctor Abad Gómez fue asesinado en Medellín a manos del paramilitarismo.

Curiosamente, este mismo 25 de agosto, también Héctor Abad F. ha publicado un artículo en su blog en el que rememora, dice él que por última vez (al menos ante los medios, creo yo) la muerte de su mejor amigo, su padre.

Curiosamente además, mientras leo en ese mismo artículo el recuerdo de Hector Abad F. cuando su papá lo sentó en sus rodillas para presenciar por televisión la llegada del hombre a la luna, Neil Armstrong, justo en ese mismo instante, dan la noticia de que Neil Armstrong ha muerto. Así es la vida, curiosamente.

Debo reconocer que mi acercamiento a la obra de Abad ha sido de adelante hacia atrás, como siempre. El año pasado leí un libro del mismo autor titulado 'Traiciones de la Memoria', que también fue reseñado en EL INFORMADOR hace unos meses, y que dejó en mí el compromiso, postergado por más de seis meses, de leer 'El olvido que seremos'. Es uno de mis tantos defectos, el querer siempre ir de adelante hacia atrás, como los cangrejos.

Mientras me adentro en la lectura de, en mi opinión, una de las mejores novelas biográficas colombianas (si no la mejor), no puedo evitar compartir la alegría y el dolor de quien la escribe, no con los dedos, sino con el alma. A veces suelto una carcajada. Otras veces me detengo y, como si fuera un personaje más, lloro. Como él mismo lo dice, "la cronología de la infancia no está hecha de líneas, sino de sobresaltos". La historia de Héctor Abad Faciolince es seguramente la de miles de colombianos, ofendidos, ultrajados, vilipendiados por la violencia, por la sociedad, por la Iglesia, por las instituciones.

'El Olvido que seremos' no es sólo un libro que reivindica la figura de un padre ejemplar. Es también un testimonio vivo del camino que hemos recorrido los colombianos desde finales del siglo XX hasta nuestros días. Me llamó mucho la atención incluso encontrar nombres de reconocidos personajes del acontecer político en nuestro país: Álvaro Uribe Vélez, quien fue novio de una de las hermanas de Abad; Carlos Gaviria, uno de los mejores amigos de su padre junto con Alberto Aguirre; y hasta María Emma Mejía.

No puedo evitar pensar además, mientras sigo leyendo, en las similitudes de este libro con otros que han marcado mi vida, gusto y pensamiento. Entre ellos, por ejemplo, se encuentran los tres tomos autobiográficos de Elías Canetti, en los que el autor recorre sus años de formación intelectual junto a su madre. El padre muere cuando Canetti era aún pequeño y se habían trasladado a vivir a Inglaterra. Aunque fue una muerte muy distinta a la del padre Héctor Abad, lo cierto es que este hecho marcó profundamente la vida del Nobel. En el primero de los tomos, La lengua salvada, relata cómo su madre le reprochaba a gritos el hecho de que estuviera jugando en un árbol mientras ella sufría desconsolada por la muerte de su marido: "con sus gritos entró en mí la muerte de mi padre y ya no me ha abandonado nunca".

En el mismo sentido, Ernesto Sabato nos dejó un libro bellísimo en el que hace un eterno retorno a la tierra que lo vio crecer, hecho que considera el eslabón fundamental para una muerte sosegada y buena. Antes del Fin se titula. Sabato, luego de haberle dedicado gran parte de su vida a las matemáticas, la termodinámica y los electrolitos, se dio cuenta de que su destino estaba en el arte y no en la ciencia. Se convenció de que escribir, pintar, componer, son espacios de catarsis indispensables para soportar la humanidad. Quiso recuperar la esencia del hombre, de lo humano, para el que el valor sagrado y profundo de la existencia estaba en el nacimiento, el amor, el dolor y la muerte.

Las palabras de Héctor Abad, su forma de llevarnos como niños a presenciar la historia de su padre, la de Medellín, la de Colombia, demuestran el talento, la genialidad, la humanidad de los buenos escritores. Nuestra vida no está compuesta sólo por nosotros, sino además por cada una de las personas que han pasado a nuestro lado. "Nada más impreciso que el yo" diría Elías Canetti en un apunte en 1984, con lo que evidenciaba su creencia en la imposibilidad de hablar de la persona como una unidad sino como integración de múltiples personas.

Héctor Abad ha dicho, el pasado 25 de agosto de 2012, que no quiere conmemorar más esta fecha. Que lo que quiso con 'El olvido que seremos' fue conmemorar la vida de su padre, no su muerte. Y creo que tiene razón. Hay que olvidar ciertas cosas que no nos permiten vivir. También dice Abad algo muy cierto en su libro: el rencor alimenta la memoria.

Y este, dicen, es un país sin memoria. Debe ser también un país poco rencoroso. Quién lo creyera. Tal vez es la muestra de que en Colombia se olvida mucho, se olvida lo malo pero también lo bueno. Se olvida todo.

En todo caso, no se olvide nunca de leer este libro.

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