Santos y la paz

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: [email protected]

Al momento de escribirse la presente columna periodística, el señor Presidente de la República de Colombia ,Juan Manuel Santos, ha anunciado a los medios de comunicación que efectivamente está tratando con la insurgencia de nuestro país en el extranjero el tema de la anhela paz mediante proceso de negociación nada fáciles, que el desarrollo histórico de nuestra Nación lo amerita y clama con creces. 

De lo enunciado con anterioridad ya existían difusiones por los medios escritos y hablados de nuestra Nación en la que precisaban que ya se habían dado encuentros secretos en países extranjeros como Cuba, con la tercería de gobernantes de naciones vecinas como Venezuela, lo cual de meras sospechas pasó a ser reafirmada como cierta por el primer mandatario de la Nación, el cual dijo: "… qué tal que nos suene la flauta, se imaginan cómo sería una Colombia en paz…" , lo cual significa en nuestro lenguaje parroquial como una esperanza cierta para la paz y confraternidad nacional que debe observarse y que tanta oscilaciones ha tenido en complicados procesos de paz del pasado que han fracaso por no haberse edificado en cimientos sólidos , con las prevenciones naturales donde confluyen muchos intereses de orden personalistas en el sector minoritario de los beneficiados con la guerra absurda y fratricida que han abierto a la postre profundas brechas a unidad de la patria irredenta que clama desde las mismas profundidades en que se encuentra la reunificación de las cinco regiones que la integran llena de progreso, paz y bienestar para todos. 

Por eso cualquier intento de paz, sin importar cual gobierno los protagoniza debe ser mirado como un acto esperanzador para la confraternidad nacional, lo cual no es imposible, todo lo contrario ofrece posibilidades de lograrse mediante diálogos secretos con los actores del conflicto para evitar que los enemigos de la paz actúen de mala fe para frustrar el anhelo de la mayoría de la Nación como lo es en efecto la esquiva paz de nuestro país.

Recuerdo como haz de luz en la noche oscura que hace algún tiempo el primer magistrado de la Nación se refería a la búsqueda de paz de nuestro país diciendo: "…no es con bombazos como se arregla la paz de este país…." , y esa tesis es muy cierta, deben asumirse con total profesionalismo los factores determinantes de las grandes causas sociales que tienen que ver necesariamente con la pobreza en si misma considerada en sus variantes insoslayables como el empleo, vivienda, educación, salud, y obras de desarrollo social que es lo que el país quiere, no necesariamente con la puesta en marcha de grandes y costosas avenidas, sino la creación de buenos caminos y transportes veredales que sirvan a la postre para sacar los productos agrícolas con facilidad de los campos de producción a los grandes centros de consumo, sin que medien los intermediarios que suben los precios de la canasta familiar a su consumidor final que es el pueblo colombiano .

Esos temas de desarrollo social sostenible deben tratarse de manera fundamental al inicio de todas las conversaciones de paz en Colombia, de igual manera el perdón y olvido para los actores de la guerra con asignaciones representativas en el Congreso nacional para que expresen allí su diversidad ideológica, confrontando tesis en ese escenario de la democracia representativa de nuestro país, aunque hay que advertir no es un asunto muy claro porque allí priman las diversas coaliciones legislativas que marchan de la mano con el gobierno de turno, pero en fin son gajes de la democracia que pueden manejarse incluso con buen tino.

Para finalizar deseo confesar como columnista colombiano y del Caribe, que pienso igual que el doctor Santos: "… que tal que nos suene la flauta en el tema de la paz en Colombia …" , sería fenomenal, mi querido Presidente Santos porque aceleraría el desarrollo de nuestra Nación haciéndola pujante e incontenible, quedando en el camino regadas atrás las densas polvaredas de caminos inhóspitos como al comienzo de la República que aún subsisten, para engrosar en una metamorfosis admirable al sendero rutilante y luminoso de nuestra propia historia como un nuevo amanecer sobre la imponencia de la cordillera de los Andes o sobre la inmensa planicie costera que nos sirve de cabecera en el norte de Colombia.

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