Cuánto daño hace el verbo mal manejado

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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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La palabra crea y destruye, así lo afirma un sobresaliente guía espiritual, frase que se volvió eminentemente popular por la fuerza filosófica de su notable acierto.

He conocido personajes de todas las disciplinas que le han hecho un sempiterno homenaje a la anterior frase, haciendo de ella su singular religión. Pero han existido y existen otros que la vida se les hace un imposible vivirla sin imprimirle a cada una de sus palabras, de sus expresiones un venenoso acento, un acíbar que mata, un odio que calcina a quien lo emite y a quien lo recibe.

Antes de entrar al meollo del problema que hizo posible esta nota, quiero referirme a una triste anécdota que sucedió en el Senado dela República, por allá en el año de 1918, siendo a la sazón, el Dr. Marco Fidel Suarez, presidente de la República, quien por su pulcritud y honestidad a toda prueba, cometió la ligereza de hacer un préstamo al Banco de Londres, sobre su sueldo, antes de disponer de un solo peso del erario nacional; esto origino un resonante escándalo en el Senado de la República, del cual hacia parte el fogoso y caustico orador Dr. Laureano Gómez, quien, según afirmaciones del inolvidable Klim, era el temible orador del Congreso con un vocabulario de no más de cien palabras, las cuales manejaba con una habilidad y destreza que asustaba y sobrecogía a quienes iban dirigidas . Fue el aguerrido Dr. Gómez quien enfilo su terrible artillería en contra del presidente Marco Fidel Suárez, quien no soportó la encendida diatriba del senador conservador y tuvo que renunciar. Sus más autorizados biógrafos afirman que el transparente presidente, jamás pudo superar semejante traspiés en su vida. Crucificado por el tonante verbo del Dr. Laureano, se retiró de la política.

Tal anécdota corrobora el poder del verbo.

Si la anterior diatriba fue capaz de causar el mal que causaron tales acusaciones en un recinto cerrado, ¿Qué daño no podrá causar el hecho de difundir a través de la radio, un diagnóstico médico -sin ser médico- sobre la imposibilidad física del Dr. Angelino Garzón para continuar en la vice- presidencia de la República? Imagíneselo usted amigo lector.

Cuando entre las positivas terapias que existen para contribuir con la recuperación de un enfermo, se cuentan las palabras amorosas, afectuosas, estimulantes, etc., ¿Por qué un locutor de una famosa emisora en Bogotá osa señalar al Dr. Garzón como un incapacitado para volver a la vice-presidencia de la República, señalándole su pasajero defecto físico, después de verlo en unas entrevista en T.V? ¿Ojeriza? ¿Cuestión de ideología? No lo sé. Lo que sí sé, es que se trata de un periodista asaz epidérmico, pseudo-gracioso pero él se cree un Garrik de la gracia.

Pero la vida es dura con quienes no sabemos transitar por ella. No bien había terminado el programa de nuestro locutor aludido, cuando al momento se suscita la noticia de que la Comisión del Senado, encargada de evaluar al Dr. Garzón, lo había declarado apto para ejercer la vice-presidencia de la República.

Como podemos deducirlo, Sr. locutor, también es mala cosa adelantarse a los acontecimientos y peor arrogarse decisiones que no nos corresponden, ya que a quien le correspondía decidir si el Dr. Garzón volvía o no a la vicepresidencia de la República era al Senado de la República y no a un locutor de la Radio Colombiana.

Como seres humanos que somos es imprescindible que aprendamos de las experiencias, de nuestros errores, porque solo así, hoy podemos ser mejores de lo que fuimos ayer, los cuales, sin lugar a equivocarnos, es la genuina misión del hombre sobre la tierra. Es urgente que así lo entendamos y que así lo entienda el Sr. locutor, con la seguridad que la vida se nos torna más fácil, más llevadera, más agradable su tránsito por ella.

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