¿Que se hizo la Costa Caribe, franca, alegre y bullanguera?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Orlando López Lozano

Orlando López Lozano

Columna: Así veo las cosas

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Compungidos estamos todos los colombianos por las tristes noticias que a diario se generan en la Costa Caribe.

De espacio alegre, dicharachero y jacarandoso y generoso y pacífico de nuestra geografía nacional, ha pasado a ser escenario de oscuras operaciones y criminales acciones.

Con una congoja en el alma vemos como el gatillo siniestro, el puñal asesino o la pistola homicida ha remplazado al dialogo reconciliador, al abrazo "rompe costillas" y al "ñerda hermano, cógela suave" cuando de arreglar un problema entre costeños, se trata. Los ánimos de los hermanos Caribes están tan caldeados, tan permanentemente caldeados, que el dirimir un pequeño problema con el corazón en las manos, se le ha olvidado el otrora alegre y "mamador de gallo" caribeño.

Alguna vez en un periódico costeño, cuando en El Espectador dejó de existir el inolvidable columnista y finísimo humorista "Alkanotas", escribí una columna que titule "De El Espectador se fue la risa". Hoy, como me duele recordar esa columna para decir que de nuestro Caribe se fue la alegría, se fue el porro alegre y cadencioso, se fue la Cumbia vestida de luces multicolores, se fue la picante salsa bailada por versátiles camajanes y bacanes solitarios en la mitad de una calle cualquiera del Caribe y se fueron las serenas noches que al calor de un trago de Ron Caña y bajo la luna morenita de la inmortal Estercita Forero, se le cantaba a la novia en la ventana.

Y, todo esto se ha ido por miedo a la ausencia de seguridad, por miedo a que sin razón o por cositas baladíes se pierda la vida.

Los caribeños que vivimos el altiplano, cuando por cualquier motivo nos hemos reunido y hemos llegado al punto de comentar estas deletéreas cosas del Caribe, la mayoría de las veces no hemos podido contener las lágrimas ante tanta barbarie. Después de largos escepticismos de algunos invitados ajenos al Caribe muy pocos conocedores del tema, al comprobar la veracidad de los hechos narrados, han cambiado la expresión de la cara y han irrumpido en indignados rechazos.

"No puedo creer que semejantes cosas pasen en La Costa. Esa tierra siempre ha sido conocida como tierra de paz y alegría". Concluyente apreciación de quien siempre ha tenido buenas noticias de la tierra Caribe, quien la mayoría de las veces ha deseado conocer, si aún no la conoce.

Confundido por los sangrientos hechos que se han suscitado y se suscitan en la Costa Caribe, con justificable osadía, he pensado en creer que no son los caribeños los autores de tanta ignominia, que son infrahumanos de otros lares que, habiendo agotado el espacio donde perpetraban sus fechorías, escogieron La Costa Caribe, tierra de gente buena, para desplegar sus satánicas andanzas.

Ayer no más la televisión refiriéndose a los salvajes maltratos que el hombre de hoy le propina a la mujer así sea su amante, compañera o esposa, le daba a la Costa Caribe un deshonroso cuarto puesto.

¡Imposible! Exclame yo. ¡No puede ser! La Costa Caribe siempre se ha caracterizado por amar mucho a sus mujeres. Aunque parezca una hipérbole el caribeño siempre ha bordado en su pañuelo aquella poética y tradicional expresión: A la mujer, ni con el pétalo de una rosa.

La Costa Caribe, si es culpable de desatinos tantos tiene la obligante necesidad moral y espiritual de hacer un alto en el camino y reivindi-carse, y si no lo es porque gente foránea la ha tomado por asalto y desprevenida para fraguar sus delitos, entonces tiene que cerrar filas ante ellos y arrojarlos de su tierra noble y generosa con coraje y valentía, los cuales ha demostrado en situaciones de severas injusticias.

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