Nuestro Nobel Gabriel García Márquez

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Escrito por:

Tuto Santos Araújo

Tuto Santos Araújo

Columna: La Columna de Tuto

e-mail: tutinoaugusto@yahoo.es

Mucho se ha especulado sobre la pérdida progresiva de la memoria de nuestro Nobel de literatura el magdalenense y para más señas el cataquero Gabriel García Márquez, único colombiano en obtener tan importante galardón en el año de 1982.

García Márquez y su mundo mágico, siempre estarán en el corazón de los colombianos de bien que lo admiramos y respetamos. Su prosa es inigualable y Cien Años de Soledad es una novela que cada vez que se lee, muestra facetas diferentes. Ha sido de los libros más vendidos en el mundo, con 30 millones de copias vendidas y traducidas a más de 20 idiomas; y pensar que el Nobel pasó las duras para que fuera publicada hasta que al fin en Argentina una editorial creyó en ella.

Desde luego que como persona importante tiene admiradores, uno que otro lagarto que se ufana de su supuesta amistad, otros que se las dan de biógrafos creyendo saber todo sobre su vida y demasiados detractores, sobre todo porque no le perdonan sus afectos a Fidel Castro líder indiscutible de la Cuba de hoy. Perseguido en el siniestro gobierno de Turbay Ayala (¡Cómo logró este señor ser presidente!), al igual que otros colombianos que al pensar diferente eran estigmatizados y criminalizados, el Nobel se exilió en México, una patria que lo acogió con afecto.

Un hecho que me parece risorio y tonto es que al Nobel se le acusa permanentemente de no hacer o gestionar nada por Aracataca. Que las calles están sin pavimentar, que no existen servicios públicos. Nos preguntamos ¿Acaso esa no es función de los políticos? García Márquez lo que es y seguirá siendo es escritor.

Su vida privada es únicamente de su ámbito familiar. Lo que haga o deje de hacer en su hogar no nos incumbe. Lo importante del maestro es que sus aportes en la literatura son y seguirán siendo valiosos para el país y todo el mundo. Al Nobel, mil gracias por todo.

Mi Ñapa. Alfredo Molano es un respetado sociólogo que conoce como pocos el conflicto armado. En una absurda columna del domingo 8 de julio, en El Espectador, titulada “ocultar la muerte” en la cual analiza cómo se mata a animales para consumo humano, queriéndolas equiparar con las corridas de toro de la cual él es un ferviente seguidor. Me da mucha pena como decía el presidente JMS en sus épocas de columnista pero la Tauromaquia no es ni arte ni cultura. Es el vil asesinato de un animal indefenso frente a la -esa sí- bestialidad humana. Además matar un animal por puro goce que no tiene nada de estético, es despreciable.

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