Un plan de choque para el agro

Columnas de Opinión
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Imagínese usted de ministro de Agricultura con el siguiente panorama: De cada cien campesinos, 40 no tienen título de su predio, 16 no tienen vivienda, 55 nunca han recibido asistencia técnica, 85 carecen de alcantarillado, 18 son analfabetas, 60 no disfrutan de agua potable, 90 no tienen sistema de riego, 95 carecen de buenas vías terciarias para sacar su productos, 93 no acceden a créditos agropecuarios y 92 no acceden a una educación en emprendimiento rural.

En resumen, a usted le entregan un sector agropecuario con seis millones de hectáreas en zona de conflicto armado, con una población rural que supera los 11 millones de campesinos que producen el 70% de los alimentos del país de manera ineficiente y con el ingreso más bajo del país estimado en 320 mil pesos mensuales.

Supongamos que el presidente de la República le gira dos cheques anuales para que usted saque a los campesinos de esta crisis, vuelva competitivo el sector e incremente la producción agropecuaria del país. El primer cheque -de 1.2 billones de pesos - es para los programas de inversión y apoyo a los productores y el segundo -de 149.000 millones- para pagar sueldos, viáticos y prestaciones sociales a los empleados públicos que administran y ejecutan los programas del primer cheque. (Presupuesto actual del ministerio de Agricultura).

Si solo cuenta con dos años para enfrentar esta crisis y cumplir la meta asignada ¿Qué estrategia definiría usted? Mientras hace el ejercicio, les cuento la mía.

Un primer paso es definir con los congresistas de las comisiones Quinta de Cámara y Senado, dirigentes gremiales y empresarios agroindustriales una "Agenda Nacional Agropecuaria" que aboque un trabajo de evaluación y definición de las políticas sectoriales que requiere el agro en el mediano plazo. Se trata de definir por ejemplo, a través de una planeación estratégica, el aprovechamiento de nuestros suelos. Aquí existe el mito que nuestras tierras son ideales para todo tipo de cultivos y pastos. Sembramos en las montañas y criamos ganado en la planicie, aprovechando menos del 5% de las tierras de nuestro país.

Tenemos que aprovechar las potencialidades de nuestras regiones promoviendo productos que compitan con valor agregado y producir aquello, que se adapte a las condiciones técnicas del suelo y que sean admisibles en el mercado externo.

Es por este orden de consideraciones que debemos procurar despejar, por lo menos, los siguientes interrogantes: ¿Qué y cuánta agricultura y ganadería queremos? ¿Cuánta necesitamos y cuánta estamos en condiciones de pagar como Nación? y cuáles son los instrumentos más idóneos para alcanzar los objetivos definidos.

En segundo lugar, liderar un proceso de simplificación de trámites para el acceso a los subsidios directos al productor y al crédito agropecuario.

Ante el Congreso se debe liderar una agenda legislativa para establecer un subsidio a la tarifa de energía rural, un impuesto municipal al gas para destinación exclusiva de vías terciarias, un sistema nacional de presas y canales de irrigación que proporcione agua a precios subsidiados a los agricultores y robustecer las escuelas rurales como centros de buenas prácticas agrícolas y pecuarias municipales.

Con los gremios de la producción nacional se debe establecer una cooperación institucional para la ejecución de los recursos de inversión en dirección con sus planes estratégicos de producción, tecnología, asistencia técnica y comercialización.

En otras palabras, convertir el ministerio de Agricultura en un facilitador del desarrollo agroindustrial del país, donde se incorpore a cooperativas agrícolas, empresas fabricantes de equipo, bancos rurales, transportadores de productos agrícolas, comerciantes, industrias procesadoras de alimentos, cadenas de supermercados, y muchos otros negocios.

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