De Guernica y Picasso a Bojayá y…

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

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En medio de la Guerra Civil Española se produjo un episodio que habría de instalarse en la memoria de la humanidad: El 26 de abril de 1937 la aviación alemana, por orden de Francisco Franco, bombardeó al pueblo vasco de Guernica.

Esa tarde las campanas de la villa sonaron a rebato para anunciar el comienzo del nefando genocidio. Los habitantes se habían inventado un sistema rudimentario de alarma, con vigías a cada cierta distancia, pero la ferocidad de la aviación, combinada con el apoyo de las fuerzas italianas dieron buena cuenta (¿?) de los sorprendidos e inermes moradores de esta población.

El ataque duró tres horas; las treinta toneladas de explosivos y metralla que llovieron sobre Guernica arrasaron el poblado. Como si fuera insuficiente, los incendios causados por esta acción duraron tres días; el setenta por ciento de los edificios del pueblo quedó destruido y el treinta por ciento restante sufrió serias averías.

Por encargo del gobierno de la República Española, Picasso pintó un cuadro para decorar su pabellón durante la Exposición Internacional de 1937, en París, con el fin de atraer la atención del público hacia la causa republicana en plena Guerra Civil Española. Picasso, influido por el dolor del pueblo de Guernica, pintó, en menos de dos meses, una obra maestra llamada 'Guernica', de enormes dimensiones: 7.76metros de ancho por 3.49 metros de alto.

En esa pintura se aprecian cabezas cortadas, como símbolo de muerte de personas inocentes, con ojos extremadamente abiertos, lo que representa el asombro ante el sinsentido de lo que estaba ocurriendo. Entre los detalles que pueden identificarse en el cuadro está un guerrero muerto, un cuerpo completamente descuartizado, un toro, un árbol, una madre con un niño muerto y un caballo agonizante. Hay también un brazo que sostiene una flor.

El cuadro se encuentra actualmente en el Museo Reina Sofía, en Madrid. No ha sido posible su traslado al Museo Guggengheim, en Bilbao, mucho menos al Museo del Prado, en Madrid, donde Picasso deseaba que permaneciera definitivamente.

Durante el gobierno dictatorial del general Franco el cuadro estuvo fuera del país.

El Árbol de Guernica es un símbolo universal. Se conserva en esa villa, frente al ayuntamiento y con la pintura de Picasso no dejarán morir el triste recuerdo de lo que fue esa masacre. Setenta y cinco años han acrecentado su importancia y la humanidad no podrá olvidar a Guernica.

Guernica tuvo a Picasso. La memoria colectiva de los colombianos debe también tener presente, para condenar eternamente, las innumerables masacres ocurridas en nuestro suelo. Si las víctimas mortales en Guernica se calculan en 156, solamente las de Bojayá, en el Chocó, fueron 119 en un solo acto, dentro de una iglesia, sin intervención de ejércitos extranjeros ni el uso de aviones bombarderos. Por estos días hubo momentos de recuerdo para ese genocidio, ocurrido el 2 de mayo de 2002.

Lo mismo ocurrió con los 39 humildes habitantes de Nueva Venecia, en el departamento del Magdalena. Y habrá días para recordar lo de El Salado y otras muertes absurdas que tienen como común denominador la impunidad.

Las obras que se escriben sobre estos hechos dolorosos las leemos como novelas con mayor o menor éxito editorial. En cada una de ellas buscamos con afán, en actitud abiertamente morbosa, el número de víctimas para compararlo con el de los muertos del libro anterior. ¿Pero, no habrá quien, como Picasso, dé a conocer en forma magistral los horrores que ocurren en esta tierra colombiana?

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