Derecho al revés

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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Mi experiencia personal con el Derecho ha sido una batalla: dudas, satisfacciones, decepciones, victorias, sinsabores. Así que cuando digo "batalla" no es en sentido trágico: solo metaforizo la relación que alguien entabla con cualquier ciencia.

Estudié Derecho y me gusta haberlo estudiado. Es una disciplina esencial para la sociedad y, además, base de una formación humana integral que me ha acompañado en todas las actividades de mi vida. Pero otra cosa es el ejercicio y el funcionamiento del Derecho como tal.

La primera decepción es de todas las ciencias sociales: el choque de los libros, las teorías, las enseñanzas de los profesores y las incipientes imágenes propias con la cruda e imperfecta vida real.

Y la segunda decepción, ya específica: el doloroso impacto de ese Derecho puro de las aulas con una sociedad que en ciertos casos se niega a acogerlo y en otros lo utiliza y lo retuerce para sus intereses particulares.

Alguien dirá, y hasta con razón, que quien así piensa no maduró en el Derecho, que no estaba preparado para navegar en él sobre las aguas tormentosas de una sociedad tan convulsa. Sin embargo, después de muchos años con el Derecho a cuestas como fardo y también como herramienta exquisita, pienso que es al contrario: la madurez y la civilidad de una sociedad se miden por el trato que esta le da a las normas jurídicas que la rigen.

Pero además de eso que es universal e intemporal, hoy en Colombia sucede algo peor: el lamentable espectáculo público que se está dando con el Derecho, que lo aleja mucho más de aquel que estudié en los libros y me enseñaron mis profesores.

Es triste la manera como se está ejerciendo el Derecho en ciertos casos, la forma como se trata, como se acomoda, como se trapea y se limpia con él, como se le utiliza para buscar intereses de todo tipo, como se zarandea, se vende, se compra, se trueca, se alquila, se deforma.

El Derecho se volvió un utensilio de la política y de los negocios. No es una ciencia (del deber ser) independiente y libre; es una tranca, una cuña, un comodín, un traje de ocasión, arcilla moldeable, el sombrero del verano o el gabán del invierno, la sombrilla, la llave maestra o la tranca del portón, y hasta la ganzúa o el ariete.

El Derecho, el magnífico y honorable Derecho que uno sentía orgullo de estudiar (¡con ese primer Código Civil bajo el brazo!), hoy en Colombia es una comedia, material de prensa roja y amarilla, y hasta de farándula; antro de insultos e improperios, de trapisondas, cálculos y zancadillas. Ya no es la interpretación profunda, la hermenéutica, sino la amenaza, la promesa y la lisonja. Es un recinto sórdido con micrófonos ocultos, testigos de reparto, botas italianas y asados con mariachis.

Y el Derecho no es asunto de abogados, es tema de toda la sociedad. Con algunas excepciones todos le dan contra el piso y lo arrastran: los litigantes y los jueces, sus creadores, los encargados de mantenerlo funcionando y quienes lo deben hacer cumplir; y también lo maltratan quienes se dicen o creen ajenos al Derecho, porque nadie puede serlo.

Pero, ese no es el Derecho aunque así le digamos, eso es una caja de mañas. Por fortuna, aún hay abogados pulcros que no lo dejarán perder entre los incisos de la astucia. Noche muy difícil, no solo para la bella ciencia sino para Colombia, que es un Estado de eso: de Derecho.

¿Qué ha pasado en las aulas del Derecho en los últimos años? Como mínimo, no se han formado abogados fuertes para cruzar la jungla social y resistir los cantos de las sirenas del poder, del dinero y de la fama. Universidades: debemos convocar a una reflexión profunda, porque Colombia necesita recuperar el Derecho y proteger las instituciones que le dan vida; protegerlas tanto de enemigos externos como de los internos.

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