Una mirada a la crisis que nos aqueja

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

e-mail: a.londono134@uniandes.edu.co

La evolución de nuestra sociedad en tiempos recientes, nos ha desembocado por ríos que se contraponen al orden natural de las cosas. Esto debido a la que hemos eludido la adopción de la epistemología como piedra angular del conocimiento, soslayando la adopción de parámetros consensuados solamente por la razón, y no por un proceso de discusión sobre la interpretación de las experiencias a través de la ciencia, los cuales desembocan en la aparición de nuevas leyes suscitadas por las vivencias de nuestro diario vivir. Es pues necesario entender la epistemología como vía para la creación de leyes y conceptos. Sin menospreciar la lingüística como herramienta para comprender los postulados epistemológicos. El discurso es una herramienta para entender la realidad.

Los paupérrimos postulados de la revolución francesa, han generado en la sociedad patrones que se derivan de albedríos desconocedores de las limitaciones epistemológicas y discursivas. Nos han desviado del entendimiento y aceptación de un orden natural que había generado un estado que garantiza una igualdad "Formal" entre los individuos, la cual es consciente de la imposibilidad de la existencia de la igualdad material. Esta igualdad real se plasma en las leyes, obliga a los ciudadanos a regirse bajo las mismas normas sin impostar quien sea. Este sistema promueve el respeto a la ley, y apoya la aceptación de deberes. Lastimosamente los análisis positivistas, que no tiene en cuenta las experiencias ni el análisis del mundo real, infundido por la revolución, provocaron traspasar este estado y llevarnos a una evolución insostenible dada la naturaleza del hombre.

Para desgracia de la sociedad, hubo quienes infirieron en el estado anteriormente descrito. Individuos de naturaleza holgazana, quienes esperan que se les de todo sin dar nada a cambio, reconfiguraron el estado por la búsqueda de derechos incosteables, a cambio de reducir deberes. La evolución del pensamiento de la sociedad posterior a la revolución francesa, nos ha llevado a la concepción de estados grandes, omnipresentes, que le faciliten todo a sus ciudadanos sin ellos esforzarse por adquirir sus propios beneficios. La concepción de un estado omnipresente no solo incentiva a la sociedad a ser perezosa, sino que también genera una inminente quiebra del estado. Cuando la sociedad se vuelve, cada vez, mas improductiva, la riqueza del estado comienza a disminuir, pero a su vez este tiene que ser garante de un sin número de beneficios que se diversifican con el paso del tiempo, los cuales presentan costos ascendentes. Este fenómeno puede enmarcar parte de la crisis económica actual.

No sólo estos estados se enfrentan a un aumento de costos superior a la expansión de sus ganancias, también nos someten una burocracia estatal de tamaño colosal, la cual facilita la corrupción y la ambición por llegar al poder. Las guerras civiles colombianas del siglo XIX en parte se generaban por la ambición de algunos de poseer al mayor contratista del país. Este fenómeno aun es visible en nuestro país, y va en aumento con la presente administración.

Si el estado sigue haciéndose cada vez más grande, a través de la creación de nuevas agencias y secretarias, veremos como la corrupción seguirá carcomiendo cada día más las arcas públicas, y como cada vez seremos una nación con una clase trabajadora más perezosa y más dependiente del auxilio del estado.

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