Se quiebra el huevito de la seguridad

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Escrito por:

Jacobo Solano Cerchiaro

Jacobo Solano Cerchiaro

Columna: Opinión

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Twitter: @JacoboSolanoC

Cuando arrancó la era Santos, los colombianos teníamos especial confianza en que la política de seguridad democrática sería continuada, ya que mientras estuvo al frente de la cartera de Defensa, asestó grandes golpes a la guerrilla y lo fueron catapultando a la Presidencia de la República.

Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo, vemos que esa época de grandes victorias del gobierno del expresidente Uribe, de quien puede decirse lo que sea, pero fue quien más duro golpeó a una guerrilla enfilada a tomarse el poder y a paramilitares convertidos en mafias que controlaban territorio y gran parte del espectro político, se ha venido desdibujando, hasta llegar al caos de hoy: retenes guerrilleros en el Cesar; atentados contra la línea férrea del Cerrejón, en La Guajira; extorsión a comerciantes en ciudades intermedias; secuestro a ganaderos en zonas de conflicto; y recientemente, carros bomba en Tumaco y Villa Rica con un saldo trágico de 15 muertos y muchos heridos. Realidades que tiene al país en vilo por lo que pueda suceder en el mediano plazo.

¿Por qué estamos como estamos? Han sido varios los errores del Gobierno, que ni siquiera con los golpes al mono Jojoy y a Cano han podido apaciguar, y hoy lo tienen contra la pared. El apresurado restablecimiento de relaciones con Chávez que tenía el agua al cuello. Pero Santos, con su estrategia de estar bien con todos y por conveniencias comerciales que a la postre no se vieron, enfrió el tema de campamentos y jefes asentados del otro lado de la frontera para no tener problemas con su vecino. Otro error, el nombramiento de Rodrigo Rivera fue político y no estratégico, lo que finalmente le costó su salida ya que no dio los resultados esperados. Además, la Policía y el Ejército como nunca antes comenzaron a fallar en los protocolos de seguridad, es inadmisible que frente a un comando de Policía dejen una carreta de frutas cargada de explosivos y nadie se dé cuenta. Otro desacierto de esta administración, fue enfilar sus baterías contra su antecesor, tratando, disque, de elaborar su propia agenda, atacando a un mandatario que representó mucho para los militares. Circunstancias que fueron aprovechadas por el brazo político de las Farc para abrir espacios de diálogo con la pretensión de retomar la agenda del Caguán y lanza sus restos terroristas para intentar llegar fuerte a las mesas. Antes se decía que la era Uribe había traído seguridad a los campos y en las ciudades no había control, pero en la actualidad, no solo hay inseguridad en las ciudades, sino que la parte rural vuelve a ser epicentro de la violencia descarnada, matizada con consejos de seguridad permanentes de los cuales salen inefectivas medidas para distraer a la opinión, pero no logran controlar el orden público.

Santos no la tiene fácil y su ministro Juan Carlos Pinzón, quien llegó precedido de una fama de gran conocimiento del Ejército y de la situación de violencia, hasta ahora se ha quedado en el discurso y de resultados poco.

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