Presiones indebidas

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Carvajalino Slaghekke

Alberto Carvajalino Slaghekke

Columna: El Arpa y la Sombra

e-mail: [email protected]

El inicio de este año 2012 no ha podido ser más movido. Las posesiones de los mandatarios de turno en ceremonias cuya característica más llamativa fue la primacía del color blanco como tradición tropical que se mantiene inauguro el año político. En ellas, los discursos de posesión reiteraron espacios comunes relacionados con la esperanza. Luego, en medio del punto más alto de la temporada turística sobreviene un "paro" armado que paraliza no solo esta ciudad sino seis departamentos más.

No pudo existir un escenario de bienvenida más descabellado para los nuevos mandatarios. Pero sorprende, viendo el hecho en retrospectiva, que habiendo sido anunciado el "paro" con uno o dos días de antelación por medio de panfletos, no se hubiese generado la articulación de la inteligencia de las fuerzas armadas con el ejecutivo para el diseño de los planes contingentes pertinentes. Siendo un hecho anunciado, la sociedad fue sorprendida y amilanada, generando un triste y desesperanzador escenario, en donde se trajo de un jalón tiempos que pensamos ya pasados. Esa demostración de fuerza retadora resulta preocupante para la sociedad civil, la cual no espera nada más que el cumplimiento del principio constitucional por parte del Estado de la defensa de su seguridad y tranquilidad. El problema de fondo en este territorio es la contradicción entre el poder político y la connivencia que este permitió a ese tipo de manifestaciones en el pasado, facilitando su metástasis en las estructuras gubernamentales y sociales. Alcalde y Gobernador como productos de la democracia han sido retados.

¿Podrán asegurarnos que este tipo de actos bárbaros no se vuelvan a producir? Dada la historia de este territorio, este tipo de hechos es como la búsqueda de la solución a una ecuación de una incógnita, con la dificultad que ella está imbricada en las variables supuestamente conocidas y que nos determinan el valor de la resolución de dicha variable. Ante ese escenario, la prudencia, inteligencia y estrategia son invitados de primer orden para dimensionar las prioridades y entender que el objetivo es la gran masa de pobres, aquellos excluidos de una racionalidad que no obedece a la solidaridad y al afecto. La prioridad es corregir a través de la intervención del Estado por medio de la inversión pública, el falso darwinismo económico que convierte el derecho a vivir en una puja salvaje que provoca la vergonzante inequidad que hoy caracteriza la sociedad samaria y magdalenense.

La ciudad eligió un Alcalde que demostró temple y coraje para enfrentar estructuras intimidatorias y preservar la universidad de manejos groseros. Hoy su reto es mayor y más complejo, pero esperamos que su respuesta desde las estructuras del Estado mismo, en su condición de máxima autoridad de la ciudad no sea inferior a su capacidad. Esperamos que se reedite la estrategia más efectiva contra la oscuridad: la transparencia de los actos administrativos, provocando con ello volver tierra árida para la corrupción el presupuesto público. Por ello y producto de las reales prioridades se debe entender que la batalla contra los desestabilizadores armados debe obedecer a una estrategia de orden nacional, en la que los recursos y energía a nivel territorial deberían ser incidentales para preservar así los recursos escasos con que cuenta el ente territorial. Todo ello parece una utopía, pero en esta Colombia la utopía está relacionada con la nueva sociedad que se puede parir a partir del creer en el otro y en la convicción de que lo moralmente bueno es posible.