Stephen Hawking

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

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Hace apenas unos cuantos días el físico británico, Stephen Hawking, cumplió setenta años de vida. A pesar de las adversidades generadas por una penosa e irreversible enfermedad, el científico sigue trabajando de una manera incansable para poder develar los misterios del Universo y hacer accesible al público profano los complejos conceptos de la física.

Una extraña enfermedad llamada ELA (esclerosis lateral amiotrófica) lo mantiene desde hace décadas atado a una silla de ruedas y lo ha obligado a tener que comunicarse a través de un sofisticado computador.

Sin embargo, la voluntad de este hombre, con una capacidad física francamente limitada, parece estar hecha del más fino acero y hoy por hoy es uno de los científicos más grandes que la humanidad ha parido. Un hombre limitado que ha osado con absoluta plenitud cerebral tratar los inmensos problemas del cosmos. Hawking se ha convertido en un científico aclamado por sus investigaciones brillantes y por su asombroso triunfo ante la adversidad.

En su larga carrera ha recibido innumerables reconocimientos como la Orden del Imperio Británico, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, la Cátedra Lucasiana de Matemáticas de Cambridge, etcétera.

¿Por qué hay algo en lugar de no haber nada? ¿Por qué existimos? ¿Por qué este conjunto particular de leyes y no otro? Son preguntas que en buena medida han sido resueltas bajo los argumentos de la llamada "Teoría de Cuerdas" (llamada en El Gran Diseño como Teoría M) de Hawking. No es una teoría en el sentido habitual de la palabra, sino toda una familia de teorías diferentes; un modelo que posee todas las propiedades que debería poseer una teoría final. Hawking ha sostenido que una gran cantidad de universos se han creado de la nada.

Cada uno de estos universos tiene muchas historias posibles después de haberse creado. Esta idea contradice el sentido común basado en la experiencia cotidiana y no en los hechos maravillosos que se revelan en el universo. Hawking ha escrito que no se requiere de la intervención de algún Dios o ser sobrenatural, sino que dichos universos provienen de manera natural de las leyes físicas.

"Sabemos de sobra que las cosas no solo son lo que parecen ser". También se requiere de conceptos que con mucha frecuencia chocan con la experiencia cotidiana. Por lo tanto, la visión ingenua de la realidad no es para Hawking necesariamente compatible con la de la Física Moderna.

Reconoce Hawking que solo unos pocos mundos permitirían la existencia de seres como nosotros. Por lo tanto, las leyes que conocemos permiten afirmar la alta selectividad de la vida dentro de la inmensidad del universo.

Solo parece posible en aquellos universos que sean compatibles con nuestra pequeña existencia, comparada con lo inmensurable del universo. Esto "nos convierte, en cierto sentido, en señores de la creación". No será nada fácil encontrar entonces seres en el cosmos que hayan adelantado una inteligencia como la que hoy conocemos.

El ilimitado estudio del universo nos obliga a seguir prediciendo el futuro de la humanidad. "No creo que sobrevivamos otros mil años sin tener que escapar de nuestro frágil planeta", ha sentenciado Hawking. Por eso la especie, si es que tiene alguna opción de sobrevivencia, tendrá que mantener su interés por el espacio, así como el interés por la vida misma.

El hecho de que nosotros, los humanos, que también somos meros conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza, hayamos sido capaces de acercarnos tanto a la comprensión de las leyes que nos gobiernan a nosotros mismos y a nuestro universo, se constituye en el mayor de los triunfos. Debemos seguir mirando hacia las estrellas y no hacia los pies... En la vida siempre hay algo que está a la espera de ser descubierto. Seamos curiosos.

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