Para no tergiversar la historia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

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Le envié una nota de reparo a la Fundación Emaus; una entidad que, en asocio con el Ministerio de la Cultura y la Alcaldía Distrital, ha acordado conmemorar el bicentenario y recuperar los parques y plazas del Centro Histórico de Santa Marta. Con anterioridad había tenido la oportunidad de leer un llamativo prospecto sobre la realización de un mural iconográfico y exaltación de ciertos hitos históricos del bicentenario "de la independencia de Santa Marta". Aplaudo las intenciones de la fundación pero tengo que decir que me aparto de las versiones que en nombre de la historia de Santa Marta han quedado consignadas en el prospecto. Felicito que en buena hora se promueva un "diálogo fluido" entre distintos actores y gestores culturales, pero destaco que tanto el título ("independencia de Santa Marta") como cierto texto anexado (perteneciente al doctor Javier Moscarella) constituyen una deliberada tergiversación de nuestra pequeña historia.

La ciudad de Santa Marta fue un foco realista desde su fundación (1525 o 1526) hasta el 11 de noviembre de 1820 (un día después de la batalla (¿masacre?) del Pueblo de Indios San Juan Bautista de la Ciénaga), cuando las fuerzas patriotas desplazaron militarmente y para siempre el poder monárquico en la antigua Gobernación de Santa Marta. Recomiendo respetuosamente a los miembros de la fundación leer el siguiente libro: Elías Caro, Jorge (Compilador/Editor) (2011) Santa Marta: del Olvido al Recuerdo. Historia Económica y Social de más de cuatro siglos. Santa Marta, Editorial Unimagdalena. En dicho libro encontrarán artículos sobre el tema, en especial, el por mí escrito, intitulado "La Santa Marta del primer periodo independentista" (Páginas 117-146). Allí develo la falacia de una independencia de Santa Marta (declarada el 11 de febrero de 1813) frente a la monarquía española.

Lo encontrado por buena parte de los historiadores es que Santa Marta y Pasto se convirtieron en dos ciudades "mecas del realismo" o "fidelismo absolutista". Durante la guerra de independencia las autoridades virreinales en el exilio, los enemigos de la revolución y los desterrados, se dirigieron a Santa Marta, y desde esta ciudad se fijaron las tácticas realistas del enfrentamiento a la insurgencia patriótica. Prevaleció en ella el fidelismo a su rey y a su religión católica. Bastaría con leer las declaraciones de la improvisada Junta de Santa Marta para darse cuenta de cuál fue la verdadera posición de Santa Marta ante el proceso independentista.

Sus luchas contra los patriotas de Cartagena afirmaron la esencia monárquica de los funcionarios samarios. Desde cuando Santa Marta reconoció a la regencia española como su única autoridad de gobierno, en contra de las aspiraciones patrióticas de la Junta de Santafé y de las autoridades de Cartagena, se intensificaron las hostilidades de los insurgentes con los realistas samarios. (Restrepo, José Manuel. 1969; Grott, José Manuel. 1889; Restrepo Tirado, Ernesto. 1929; Rodríguez Villa, Antonio. 1920; Alarcón, José. S.f. Ocampo López, 1975). Si leemos con detalle la famosa copia del acta, esta no contiene, en parte alguna, la declaración de independencia ante la Corona Española. Con lo anterior no se pretende desconocer el aporte de algunos criollos samarios que actuaron de manera revolucionaria durante la independencia nacional. Pero derivar de la letra del acta el hecho de una declaratoria de rebelión o de autonomía o de independencia ante el despotismo español, caracterizando, de paso, como ciudad patriota a la Santa Marta realista, es algo arriesgado de comprobar.

Lo obvio (basado en pruebas documentales) es que los samarios tomaron clara posición antagónica ante las ciudades de Cartagena y Santa Fe de Bogotá. El historiador Alarcón puso en total duda el tal grito de independencia ante España al expresar que el documento se refería más bien a una independencia de Cartagena que a la emancipación de España… Un tema que perdió pertinencia histórica (lo de la independencia de Cartagena), una vez que Santa Marta volvió a caer en manos de los realistas con la desbandada de las fuerzas comandadas por Labatut.

Considero que lo de la tal independencia de Santa Marta en manos de ciertas familias distinguidas del momento no es cosa distinta a un arribismo histórico con el propósito de congraciarse con los retoños que aún usufructúan el poder desde la Conquista y Colonia.

La historia de Santa Marta no puede escribirse medrando bajo la tutoría del poder oficial, aún en manos de familias que por obra y gracia de un santo historiador han pasado de recalcitrantes realistas a probos independentistas. La historia no es una masa de arcilla que se puede moldear bajo un sumiso antojo.

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