El mejor aliado: el consenso

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ricardo Villa Sánchez

Ricardo Villa Sánchez

Columna: Punto de Vista

e-mail: rvisan@gmail.com

Con el 'golpe' de opinión que se dio en la elección de Alcalde Distrital en Santa Marta, así parezca coincidencia, refrendado por poco más de votos de las firmas recogidas por el entonces candidato, antes de avalarlo el Partido Liberal, se abren una serie de interrogantes sobre el modelo de gestión pública y de gobernabilidad que se debe inaugurar en esta nueva era de la ciudad.

La legitimidad de la elección y el acumulado político dentro de las reglas de juego de la democracia, hacen posible que el nuevo Acalde se dé la pela en intentar liderar un proceso colectivo de transformación de Santa Marta.

La pregunta es ¿Cómo?, en medio de los gruesos cabos que mantienen a la ciudad en el atraso, que hacen que la ciudadanía no aguante un desencanto más, si se tienen en cuenta la forma contundente y entusiasta en que se pronunció con su poder de decisión y quizás su única arma para el cambio: su voto.

Este mandato ciudadano, nos da un escenario propicio que no solo implica una amplia responsabilidad de no defraudar la esperanza puesta en este nuevo gobierno, sino que nos permite tomar como estrategia de gobernabilidad, un enfoque holístico del desarrollo humano, ligado a la protección y promoción de los derechos fundamentales, a la construcción colectiva de confianza, sostenibilidad y equidad social, y de priorizar la recuperación del sano ejercicio, en la praxis, de la política, como visión del progreso de Santa Marta. Desde esa mirada, para amalgamar este proyecto de ciudad, como compromiso de todos los actores claves de la sociedad, es necesario reafirmar que el mejor aliado es el consenso.

Para nadie es un secreto que en esta coyuntura, será garantía de éxito, en la gestión pública, la participación ciudadana y el control social, fiscal, disciplinario y político en cada instancia de decisión y de deliberación en el espacio de lo público, aunado a un coherente equipo de trabajo en el que los funcionarios públicos en el gabinete, además de tener experticia técnica, cuenten con la consciencia social y el sentido humano a tono con la apuestas de solución a las complejas realidades concretas de la población, y, ante todo, el olfato y la capacidad de liderazgo para un buen gobierno, una recta conducción política y para dar ejemplo a la comunidad en hacer trabajo voluntario, encaminado a la lucha contra la pobreza y hacia el diseño participativo de políticas públicas.

Allí, con la participación y aporte de los diversos actores, podrían darnos la mano el Gobierno Nacional, verbigracia, en liberar recursos de inversión por proyectos de compensación regional en infraestructura y hasta asumir algunas deudas históricas de la ciudad en salud o en educación.

Las universidades públicas y privadas, pensando y repensando a la ciudad, haciendo investigación pertinente y aplicada a la competitividad, cooperando con su capacidad instalada y capital humano, en, por ejemplo, interventorías a las concesiones, consultorías, estudios técnicos y demás actividades previas a la ejecución de obras, proyectos, planes y actividades.

El Concejo de la ciudad debatiendo propuestas, llegando a acuerdos y haciendo control político. La Cámara de Comercio abriendo mercados y consolidando alianzas público-privadas. Las agencias de cooperación internacional, con su asistencia técnica, ejecutando así sea un proyecto de alto impacto en la ciudad. Los organismos de control, con una vigilancia eficaz.

La sociedad civil organizándose en red para aplicar a recursos de diversos fondos que generen incidencia en el territorio. El ciudadano del común, con valor civil denunciando desmanes en su comuna, presentando propuestas de autogestión comunitaria y con el ojo visor en la veeduría ciudadana a los megaproyectos que se emprenden, como el SITP.

Los medios de comunicación, equilibrados e informando con veracidad. Los gremios productivos, con responsabilidad social, mejorando las condiciones de vida de la población en su área de influencia.

En ese escenario, seguramente se desenvolverá un alcalde de puertas abiertas, que tenga la voluntad política y la humildad de remangarse la camisa para pilotear con eficacia la nave, avocar el cumplimiento de las promesas de campaña, administrar y hacer rendir el erario, agenciar proyectos, gestionar recursos, darle continuidad a políticas pertinentes, planear a la ciudad, tomar decisiones, solucionar problemas y aplicar metodologías de gobernanza con resultados exitosos, entre otras, en ciudades como Bogotá, Barranquilla, Medellín y Cali, en asuntos como los presupuestos participativos, los consejos de planeación local o comunal, la construcción colectiva del Plan de Desarrollo Distrital e ir más allá hasta revalidar y actualizar el plan estratégico Santa Marta 2025 como visión prospectiva de ciudad hacia la celebración de sus 500 años de fundación.

Todo lo anterior, con el estribo del movimiento fuerza ciudadana, como tendencia social demócrata, plataforma pluripartidista y como organización política, social, gremial, universitaria, comunitaria y progresista con vocación de poder, de permanencia y de relevo; con escuelas políticas de formación de líderes; proactiva, empoderada, que tenga como misión hacer presión social para que ruede el engranaje y anclar a quienes de tiempo atrás han secuestrado el poder político y económico en la ciudad, así como para darle continuidad al ejercicio de buen gobierno hacia los siguientes períodos, de abajo hacia arriba y con el cimiento transversal de una mesa de diálogo social interinstitucional, variopinta, multipartidista y transdisciplinaria, para discutir y planear estratégicamente, de cara a la ciudadanía, el proyecto colectivo de ciudad: Santa Marta para todos.

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