Elecciones: el día de la cosecha

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: [email protected]

El próximo 30 de octubre los colombianos tendremos la oportunidad de elegir gobernadores, diputados, alcaldes, concejales y ediles. En ese día algunas campañas celebrarán el triunfo y otras soportarán la derrota. Es el día de la verdadera y definitiva gran encuesta. Los resultados (excepto que sean manipulados) serán los que señalarán a ciencia cierta quienes lograron las metas propuestas y quienes eran buche y pluma nada más.

En principio podemos afirmar que tal como se llevó a cabo una campaña, los resultados serán directamente proporcionales. Si la campaña estuvo signada por la organización y la planificación, seguramente los candidatos no tendrán afujías el día de las elecciones. Si la campaña fue desorden, improvisación, vacilación, etcétera, lo que ocurrirá el día de las elecciones será más de lo mismo. En este último caso, se pierde la intención de voto que en las encuestas aparecen favoreciendo a un candidato por no tener éste la manera de transformar dicha intención en realidad contable en las urnas: en votos de carne y hueso, que suman y eligen.

Aquellos candidatos que se dedicaron a la entrega de dádivas (rellenos, transformadores, cables eléctricos, canchas de fútbol, camionadas de gravilla, maquinarias, etcétera) sin discurso político que convenciera a sus electores, corrompiendo la conciencia del elector, se pueden llevar una sorpresa consistente en que la gente no arrimará a las urnas para votar por ellos. Lo mismo pasará con aquellos candidatos aburridos y aburridores: los que siempre repiten lo mismo, la misma fórmula para todo. En este caso no importará cuánto hayan invertido o donado a las comunidades, serán siempre invisibles porque no entendieron la necesidad de convertirse en "vacas púrpuras".

También es deducible que así como los candidatos llevaron a cabo sus campañas, serán la misma cosa, de ser elegidos, cuando se desempeñen en los cargos de representación popular. Quien fue organizado en su campaña, será un gobernante o cabildante organizado. Quien fue desorden e improvisación (por falta de liderazgo y de planificación), será un gobernante o cabildante desorganizado e improvisador.

Cuando un candidato ha sido organizado y planificador se espera que no tenga sorpresa alguna ante los resultados electorales. Bajo estas condiciones, debe saber si va a ganar o perder las elecciones, incluso, con guarismos cercanos a los escrutados y presentados por la Registraduría. Quienes dejan las cosas a la buena de algún dios o del destino, inexorablemente fueron candidatos irresponsables. Las sorpresas no caben cuando se ha hecho un trabajo profesional y completo previo. Incluso, aquel que sabe que va a ganar las elecciones debe afinar su plan de trabajo postelectoral y definir su equipo de funcionarios que lo acompañará en el cargo. Debe tener preparado un discurso para anunciar el advenimiento del triunfo electoral que debe ser incluyente y agradecido. Cuando se sabe que se va a ganar se deben tener dispuestos todos los preparativos que determinan el triunfo. El resultado electoral debe ser conocido por la campaña por medio de sus propios instrumentos de conteo. Una campaña puede ir delante de los conteos oficiales si en verdad estableció un sistema electoral adecuado y eficiente.

En fin, cada uno de los candidatos cosechará el próximo 30 de octubre lo que sembró. Con seguridad que aquellos que no creyeron en los principios del liderazgo, organizacionales, de la planificación estratégica, del marketing electoral, etcétera, tendrán, en sana lógica, un revés electoral. También a muchos les cabrá el viejo refrán que dice: «En la boca del horno se quema el pan».

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