Por la Universidad del Magdalena

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Santa Marta: "La magia de tenerlo todo". Es cierto, así algunos usen la frase para ironizar sobre ciertas carencias de la ciudad, dotada por la naturaleza de una multicolor diversidad de lugares, climas, culturas, y especies animales y vegetales.

La ventaja de Santa Marta sobre las ciudades de la gran cuenca del Caribe es esa multiplicidad, mosaico de encantos difíciles de encontrar reunidos en un sólo sitio: desde el cálido y azul mar hasta las heladas y blancas nieves de la Sierra Nevada; historia, como primera ciudad en pie de América continental fundada por los españoles, punto de partida de la conquista de Colombia y último lecho de Simón Bolívar; turismo para todos los sectores sociales y temáticos; comercio con un puerto natural privilegiado; culturas indígenas de sabiduría admirable; y rica mezcla de casi todas las razas.

Pero hay algo que poco conocen los turistas y en general los colombianos: Una universidad pública resplandeciente, un milagro construido en 11 años con amor y dedicación. Sin exagerar, es otro atractivo más de Santa Marta tocado por esa magia de tenerlo todo, debido, en especial, a la sorpresa radiante que causa a los extraños que una ciudad conocida por otros aspectos (no propiamente por la educación) albergue tal Institución.

Sin embargo, hace poco más de una semana ocurrió un hecho que alerta sobre el peligro que acecha a esta obra pública colectiva, propiedad de todos los samarios y magdalenenses como lo son también la Sierra Nevada, las playas y parques, las calles y El Morro: en un acto que creo fue más allá de la entendible protesta nacional por la reforma a la ley de la educación, un pequeño grupo de personas se tomó el extenso y bello campus de la Institución, a la fuerza expulsaron a docentes, directivos y personal administrativo, y reinaron allí durante cuatro días, impidiendo el acceso de cualquier persona.

El grupo violó derechos fundamentales de la Constitución, como el del trabajo, la libertad de locomoción, y la libertad de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra. Al diferenciarse de la protesta nacional, es entonces un asomo de que alguien quiere alterar ese producto público y encrespar las aguas de semejante remanso, en paz pese a enclavarse en una compleja zona de Colombia.

Muchos samarios, y aun algunos miembros de la misma comunidad universitaria, no se han percatado de la joya que tienen allí. Para los ajenos, el solo visitarla sería una forma de empezar a saberlo. Un campus y unas instalaciones relucientes, verdes, limpias y cómodas.

La Universidad del Magdalena es más importante para Santa Marta y su región de lo que son otras universidades para sus lugares. En una ciudad de 450.000 habitantes, con escasas posibilidades de preparación y empleo, pesa más una institución de tal tipo que, además, es de las pocas entidades que permiten movilidad social desde los estratos humildes. Nunca he visto que el bello calificativo de "alma máter" sea tan adecuado para una universidad.

Por ello la Universidad del Magdalena no es, ni debe, ni puede ser coto de caza político ni electoral ni de ambiciones personales de nadie. Debe ser un campo neutral, un templo ajeno a todos los intereses que chocan en la región, legales o ilegales. No es fácil escapar a los siniestros juegos nacionales de todo tipo, le pasa a todas las universidades, pero si se conforma un sólido apoyo multisectorial en la región y el país, se puede proteger de las amenazas.

Es una Institución construida con un inmenso esfuerzo en el cual todos tienen méritos, y su fracaso sería también el fracaso social de Santa Marta y de la región, con la carga que ello representaría para el Estado nacional, que por tanto debe también sumarse para elevarla a ser una Universidad "de siete estrellas", la mejor inversión para una región cuya institucionalidad se ahoga en un paraíso.

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