Una muerte breve

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Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com

Aquel que afirme que en algún momento de su vida no ha querido desaparecer, es un completo mentiroso.

La muerte siempre será un asunto de interminables debates entre quienes la admiran y quienes le temen.

Sin embargo, no cabe duda de que es ella el único bálsamo que ha dejado Dios en la humanidad para remediar todos nuestros males.

Hay diferentes maneras de morir: enfermedad, asesinato, accidente, suicidio. O bien pueden ser todas juntas: una persona que ante su enfermedad debe padecer el dolor que le produce el asesinato de un ser querido y de pronto, por accidente, se suicida.

Sobre la última de esas maneras de morir, particularmente, tiene también que ver el libro al que se dedica este artículo: 'Historia abreviada de la literatura portátil' de Enrique Vila-Matas, publicado por editorial Anagrama.

Es Vila-Matas un escritor español contemporáneo, a mi parecer, de los mejores; contemporánea es también su manera de escribir y describir. En 'Historia abreviada de la literatura portátil', Vila-Matas adentra al lector en los principios del siglo XX, especialmente entre 1924 y 1927.

Con una prosa críptica, que pone a prueba la capacidad del lector para darle significado a un sinnúmero de acontecimientos, el texto va tamizando la arena de la Sociedad Secreta de los Portátiles, también llamados 'Shandys'.

El Shandysmo, de acuerdo con la historia del escritor barcelonés, fue un movimiento de intelectuales europeos que se caracterizaban, entre otras cosas, por su espíritu viajero, su amor por las cosas pequeñas, su soltería, su aceptación por los negros (también lo negro) y la permanente connivencia con seres espectrales (otros materiales) que entre ellos denominaban Odradeks. De este selecto grupo, hicieron parte personajes como Salvador Dalí, Scott Fitzgerald, García Lorca y Walter Benjamín, "héroes de esa batalla perdida que es la vida, amantes de la escritura cuando ésta se convierte en la experiencia más divertida y también la más radical".

Un requisito indispensable para los Shandys era que sus obras fueran de un tamaño en lo posible diminuto, que pudiera llevarse de un lado a otro sin ningún inconveniente. De hecho, toda obra (fuese de literatura, pintura o música) que por su tamaño resultara intransportable, era además, por conclusión, insoportable.

Con premisas como esta nace la Sociedad Secreta de los Portátiles, gente en busca de aventura y consuelo por la vida, que no vacilaba en hacer sus reuniones secretas, a veces plenas de opio, en lugares como Port Actif (África), Praga, Viena o París.

El que carga cosas, carga pasiones y los shandys fueron ese tipo de seres apasionados, llenos de pequeñas cosas y de vivencias intensas, que en algunos de ellos incluso causaron la muerte. Encontraron diversas formas de morir, no necesariamente físicas.

Pese a que algunos de sus miembros se suicidaron, el shandysmo manifestó su desacuerdo con esa manera de acabar con la vida. Algunos pensaban que la única manera de mostrar el desdén por la vida era aceptándola y que la vida misma no merecía que nos tomáramos el trabajo de abandonarla tan cómodamente.

Los shandys encontraron en las artes una mejor manera de morir sin morir. Vila-Matas cuenta, por ejemplo, cómo Paul Morand refiriéndose a un poema que había escrito el príncipe David Mdivani, afirma: "me ha descubierto la posibilidad de realizar el suicidio en el espacio mismo de la escritura". Y es que a veces se confunde las ganas de morir con las de 'no ser', cosas diferentes.

Al escribir una historia, una partitura, pintar un cuadro o hacer una película, tenemos también la posibilidad de 'no ser' y de acabar con todo trasladando nuestras maledicencias al personaje que se nos antoje. Incluso, podemos morir y resucitar, sólo con el poder de las letras y el papel. Esas cosas inútiles, diría Vila-Matas, son menos reales que las útiles y por lo tanto son más bellas.

Por eso, parafraseando al escritor, la literatura abreviada acaba por caracterizarse no por tener algo que proponer, sino un arte de vivir.

De hecho, en otro libro de Vila-Matas titulado 'Suicidios Ejemplares', muestra cómo el deseo de quitarse la vida puede también convertirse en una manera cómica de poner los pies sobre la tierra. En uno de los capítulos de ese libro, el barcelonés concluye con las siguientes palabras, en las que se refiere al intento de suicidio de Rosa Schwarzer, una vigilante de museos: "… y se encuentra bien, como si hubiera comprendido que después de todo no sabemos si en realidad las cosas son mejor así: escasas a propósito […] reales, vulgares, mediocres, profundamente estúpidas.".

La constante inquietud por mostrar la trascendencia que tienen las ciudades en la conformación del espíritu, es otro punto para resaltar en Vila-Matas.

De ahí que sea tan importante la determinación viajera de los shandys y lo categórico que resultan ciudades como París o Praga en el alma de cualquier mortal.

Concluyo diciendo que 'Historia abreviada de la literatura portátil' es un paso obligado.

Debo aceptar que lo críptico de su prosa no resulta fácil a las neuronas, pero a veces pienso que no entender, puede ser también una manera respetable de morir sin tener que quitarse la vida.

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