A León Valencia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

La ambigüedad o la distorsión de los hechos que han marcado nuestro conflicto armado interno, se le perdonarían a alguien que intenta estudiarlo a priori o sin conocimiento de causa. Pero para quienes han sido protagonistas de una de las facciones de esta brutal guerra, como es el caso de León Valencia, resultan menos que inadmisibles.

Durante 23 años hizo parte del Comando Central del ELN y aunque aplaudo su valor para transitar hacia la democracia, causa escozor que no apele a su memoria y recabe en las órdenes que se impartían desde el Coce para decidir asesinatos, secuestros, extorsiones y abigeatos, que tanta miseria generaron entre los ganaderos.

Asegurar que los ganaderos financiaron en el pasado la formación y expansión paramilitar es una verdad a medias.

La magnitud que exhibió su desmovilización, hace dudosa la premisa y cobardes sus conclusiones. Afirmar que hoy, en 2011, somos promotores de la violencia es una falacia. Me sorprende sí, el vacío de información y los juicios parcializados sobre el complejo asunto de la tierra, al que me referiré en mi próxima columna. Y aún más, la tergiversación que algunos tejen sobre el contexto histórico de la victimización de los ganaderos y la brutal connivencia entre guerrillas, paramilitarismo, narcotráfico, Bacrim y delincuencia común. Estos sí auspiciadores de primer orden de la barbarie.

Y es que el plan de Valencia de estigmatizarnos como victimarios, no habla de la crueldad que impusieron en las zonas rurales y semiurbanas, primero las guerrillas y luego, como consecuencia de ello, las autodefensas, todas contaminadas por el narcotráfico. Configuraron un nuevo Estado para administrar justicia y tributos basados en el terror, mecanismos para alterar la tenencia de la tierra, levantar narcocultivos y laboratorios de coca. Callar era el único salvoconducto para conservar la vida, aunque una mayoría tuvo que pagar o huir. Y la sociedad entera silenció la muerte y ruina de los ganaderos.

Estas dinámicas que estoy seguro no desconoce León Valencia, entre otras razones, porque financiaron la barbarie que aún nos enluta y cuya ideología él compartió, se mantuvo oculta hasta la desmovilización del paramilitarismo y las primeras deserciones guerrilleras. Con ellas surgió una versión recortada de la verdad histórica, a la espera de la rendición de las guerrillas. Porque si la primera evidenció la contrarreforma agraria de las autodefensas y la "parapolítica", la otra hablará del despojo de tierras de "Tiro fijo" y "Jojoy", de elenos y Farc financiando políticos, de las minas antipersonal, la toma de presupuestos locales y también de sus "financiadores".

Si bien reconocí que en ciertas regiones algunos ganaderos vieron con buenos ojos a las primeras autodefensas, lo hicieron porque el ELN y las Farc los asesinaban, secuestraban y extorsionaban por miles.

No por ello se puede recurrir irresponsablemente a generalizaciones, a enlodar la actividad y generar ánimos vindicativos que conviertan a productores honestos en blanco de nuevos odios y continuar sumando al obituario. En 2009 contamos 3.923 víctimas ganaderas que Fundagán compiló en el libro "Acabar con el olvido". Lo invito a leerlo, porque los ganaderos tenemos capacidad de reconciliación, pero no olvidamos quienes fueron nuestros verdugos.

Creo que hoy la verdad, la justicia y la reparación se convirtieron en mercancías brumosas, que se "acomodan" al intérprete de turno de acuerdo con su pasado, posición actual, intereses, prejuicios y hasta sus frustraciones.

No es el camino que necesitamos recorrer para la reconciliación. Seguimos en mora de un debate franco y abierto, en lugar de la peligrosa trampa de acusaciones temerarias, que flaco favor le hacen a la paz y de propuestas populistas que no consultan la realidad del sector rural colombiano.

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