¿Voto de opinión en Santa Marta?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Bustamante Barros

Carlos Bustamante Barros

Columna: Columna Caribeña

e-mail: [email protected]

El voto de opinión está clasificado como el acto electoral mediante el cual un sector de la población acude a las urnas en forma voluntaria, espontánea, desprovisto de ataduras de tipo social, económico, religioso, racial, burocráticos, o de ningún otro tipo, sólo con el ánimo de cumplir con el deber constitucional de sufragar por el candidato de sus preferencias, es el voto consciente, deseable, que empieza a perfilarse en nuestro país durante los últimos quince años de vida Republicana, especialmente en las dos ciudades colombianas más grandes geográfica e industrialmente como lo son en efecto Bogotá y Medellín.

Como estela fulgurante de luz en la noche oscura llega a la abstracción casos sonados de la temática como fueron en su tiempo hace algunos años la elección del alcalde de Bogotá señor Peñaloza y posteriormente la del profesor de matemáticas señor Sergio Fajardo para Alcaldía de Medellín, quienes empezaron a construir una nueva historia en materia de votos de opinión cuando sus candidaturas a esos primeros cargos de burgomaestres resultaron exitosas ante su comunidad, en la que lo destacable es que se presentaron sólo con sus ejes programáticos, desprovisto del apoyo de las poderosas alianzas políticas e industriales que suele designarse en el argot colombiano como "maquinarias".

Son los únicos casos en los que se tienen noticias en elección de alcaldes populares en nuestro país en que ha triunfado el voto de opinión, no han existido otras variantes emulativas en esta materia, lo cual es una premisa inquietante porque transcribe en forma evidente que el sentir del ciudadano común y corriente sigue con ataduras hacia los políticos de turno a pesar de haber transcurrido dos siglos después de nuestra emancipación del colonizaje español de ultramar, lo cual puede calificarse como mala señal y al mismo tiempo factor de incidencia negativa en el fortalecimiento de nuestra frágil democracia.

En realidad es necesario manifestar en esta materia del voto de opinión que a pesar de los grandes esfuerzos desplegados por las autoridades electorales para depurar el voto, no se ha podido progresar sustancialmente en la misma porque a pesar de existir normas y controles electorales con creces, no se visualiza de otra parte estímulos para la educación del sufragante ya que nuestro país continúa marcando cálculos porcentuales muy bajos en índice analfabeta en América Latina, por lo cual su escolaridad continúa siendo deficiente para alcanzar niveles de educación secundaria al menos, factores a la postre inciden en forma negativa para que siga el marasmo de ignorancia incluso para votar en forma consciente como es lo es deseable con el voto de opinión.

Confieso públicamente que en las elecciones pasadas voté para presidente de la República por el doctor Antanas Mockus porque entre sus ejes programáticos esbozaba el aserto insustituible de fortalecer la educación, en mi criterio así como el de muchos ciudadanos punto importante sobre el cual debería trabajarse con más énfasis dentro de las distintas áreas existentes porque es obvio que una comunidad educada tiene más oportunidades de progresar y salir adelante mejorando su sistema de vida, que a postre tiene incidencias positivas en la disminución de los factores perturbadores de la paz pública de nuestro país que martiriza con el aleteo con sus alas negras y enhiestas a nuestra nación desde tiempos inmemorables.

La ciudad de Santa Marta como parte de Colombia no es ajena a esta realidad del analfabetismo, hay señales crecientes de insuficiencia escolar, basta echar un vistazo a los múltiples barrios y veredas que circundan el casco urbano y darnos cuenta cabal que es una realidad palpable lo expresado con anterioridad, son comunidades vulnerables a tal punto que el criterio de elección a conciencia de candidatos para alcaldías u otros escaños de elección popular son inexistentes por obvias razones, en estas coyunturas especiales prevalecen para votar por candidatos determinados el amiguismo, compadrazgo, burocracia, favores personales, llevados a la práctica por el político de turno.

En este punto de la navegación del presente artículo periodístico, llega a la inferencia cual haz de luz la siguiente abstracción ¿en un país de alto índice de analfabetismo como lo es Colombia en el que el ciudadano corriente carente de escolaridad acude a su padrino político para que le ayude en una simple diligencia notarial por ejemplo, puede asumirse como censurable ese actuar de buena fe?, por supuesto que no, el sentido de la lógica nos indica que ese actuar provisto de buena fe es aceptable, incluso sostenible ya que a fin de cuentas coadyuva al fortalecimiento de los fines esenciales del Estado como lo es vigorizar la democracia.

Es que las costumbres incluyendo los padrinazgos políticos, desarrolladas en nuestro país a través de dos siglos de vida republicana no pueden clasificarse como totalmente malas, contribuyeron en su momento a la vigencia y puesta en práctica de nuestra democracia, auxiliando con su digna representación a los fines esenciales del Estado, por esas precisas razones es que en alguna oportunidad del pasado escribí un articulo favorable en su momento para la existencia y puesta en práctica de las antiguas papeletas electorales que fueron superadas por el devenir de la evolución de los tiempos adaptándose a otras formas más modernas como son los tarjetones electorales.

Para finalizar deseo confesar también que no espero se produzca el tan cacareado voto de opinión en Santa Marta para diferentes representaciones de elección popular incluyendo alcaldías y concejos municipales, por la simple y llana razón que el grueso comunitario todavía no tiene el nivel educativo exigible para estas evoluciones electorales deseables.

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