Día Nacional del Ganadero

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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

El pasado 30 de septiembre, conmemoramos una vez más el "Día Nacional del Ganadero". El valor simbólico de esta jornada, impregnada por el recuerdo del magnicidio de José Raimundo Sojo Zambrano a manos de las Farc, hace parte de la catarsis en la que estamos inmersos los productores desde hace 6 años, con la añoranza de poder sepultar en paz, algún día, a nuestros muertos.

En 2009 contamos 3.923 almas inmoladas al fragor del brutal conflicto armado. Identidades consignadas en el libro "Acabar con el olvido" que entregamos a la justicia, sin que se hayan emprendido las investigaciones para hacer verdad, justicia y reparación en la compleja historia de horror y despojo contra los ganaderos.

Honrar la memoria de estas víctimas invisibles, es y será nuestra forma de seguir buscando el reconocimiento de esta sociedad, sobre la vulnerable condición de los productores del sector, frente a la violencia que ha surcado el campo por décadas. Es y será nuestra forma de romper el estigma que nos tachó injustamente de victimarios y nos colgó lápidas al cuello.

Es y será nuestra forma de mantener la memoria de todos los colombianos y colombianas que han sido desplazados, extorsionados, secuestrados y asesinados por el hecho de ser ganaderos.

Como parte de este doloroso trance Fedegán y Fundagan han emprendido una cruzada en las regiones para acompañar a las víctimas ganaderas, incluidos quienes fueron despojados de sus tierras. El objetivo del proyecto es facilitar el camino del reconocimiento de su estatus de víctimas y apoyar las acciones tendientes a la reparación de sus derechos y la restitución efectiva de sus tierras.

Es parte del aporte del gremio en la implementación de las iniciativas en las que está empeñado el Gobierno Nacional.

Estamos dispuestos a dar un paso adelante en el camino hacia la paz, a convertir en realidad la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras para los ganaderos y en apostar a favor del nuevo modelo de desarrollo rural, con la esperanza de que pronto podamos decir "nunca más".

Son políticas que, sin duda, deben hacer posible el acceso universal a los bienes públicos y garantizar la presencia del Estado en términos de vías, crédito, seguridad, infraestructura para la producción y asesoría técnica para el campo, pero también para desterrar la violencia y su círculo vicioso de pobreza.

Nuestro anhelo es que se consolide un modelo de desarrollo económico y humano que garantice la paz, la riqueza y el bienestar en el país rural, en donde toman asiento dos de las locomotoras más fuertes para el progreso. Y si los proyectos del gobierno apuntan en esa dirección, ahí estará la comunidad ganadera. Porque lo que no puede seguir pasando es que el campo sea el comodín para ajustar las finanzas públicas, a punta de más y asfixiantes impuestos para los productores. Son momentos de particular afugia.

Apenas sobreaguamos al invierno, a la nueva oleada de criminalidad, a la pérdida del mercado venezolano y al tránsito hacia el libre mercado con monstruos mundiales en materia cárnica y láctea, como para poder soportar un nuevo embate fiscal.

Los proyectos para modernizar el sector, fortalecer su competitividad y avanzar hacia modelos productivos sostenibles y sustentables, como premisas del desarrollo y la paz, no se van a lograr justamente por la vía de ahogar las escasas posibilidades de inversión que tienen los productores. Habrá que buscar las "justas proporciones". Tenemos una deuda moral y económica inaplazable con el 80% de nuestros productores que tiene menos de 50 bovinos. No sólo para hacer realidad sus sueños de vivir sin el lastre de la violencia, sino para llevarles bienestar.

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