El museo de la inocencia

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Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com

Antes de empezar a hablarles de nuestro libro recomendado, quiero compartir con ustedes la inefable sensación que me produjo el fin de semana pasado ver la película titulada "Medianoche en París" del director estadounidense Woody Allen.

No pienso contarles toda la historia, pero considero importante el mensaje de fondo que dejó en mi mente: todo tiempo pasado fue mejor, nadie estará nunca conforme con el sino que le tocó en suerte.

En teoría, hay que hacer todo lo que esté a nuestro alcance por vivir en la Belle Époque de cada uno. Aún debe de estar en carteleras, así que les recomiendo que vayan.

Ahora bien, nuestra historia de hoy se desarrolla en la ciudad de Estambul (Turquía) en la década de los 70's. Kemal Basmaci era hijo de una acaudalada familia de empresarios turcos y estaba por comprometerse con Sibel Hanim, una mujer formada para ser esposa ideal.

Kemal había tenido en su infancia contacto cercano con una prima mucho menor que él, nieta de una de las amantes de su abuelo materno.

Luego de años de crecimiento protuberante y belleza sin igual, la prima, de nombre Füsun, tuvo un reencuentro inesperado con Kemal en una tienda de moda.

A veces es difícil entender cómo las hormonas son capaces de engendrar amor del más puro e intenso sin que siquiera lo sepamos, sin que lo relacionemos.

Lo que empezó como un juego de miradas terminó por convertirse en una historia de amor.

Hay en ella dos líneas importantes de sustento: la primera es el amor pasional y profundamente humano con el que Kemal y Füsun se entregaban a escondidas cada tarde en el piso de un edificio llamado Compasión. La segunda es la muestra del proceso de cambio cultural y axiológico en la sociedad turca después de Atatürk, esto es, su occidentalización.

Este libro, publicado por editorial Modadori, se titula El Museo de la Inocencia y fue escrito por el reciente premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, de origen turco.

Es un museo de inocencia porque en él se van dejando uno a uno los elementos que se pierden al crecer.

museos siempre serán espacios de catarsis, algo muy normal si se piensa en que los hombres están buscando constantemente espacios de libertad y, por qué no, de libertinaje, dónde guardar y expresar aquello que les agobia.

La prosa del libro es como un espiral de lento avance y cuando creemos que adelantamos en la historia, nos encontramos de la nada con un detalle que nos devuelve en la narración días, meses o años, aunque luego continúa sin mayor explicación.

Cada uno de esos detalles tiene, por lo general, uno o varios objetos que rememoran el instante vivido con Füsun y que empiezan a hacer parte del Museo de la Inocencia.

Aunque debo reconocer que el libro no logró, como otros, cautivarme desde el primer instante en que empecé su lectura, también es cierto que el tema es lo suficientemente interesante como para al menos echarle un vistazo.

Es de esa literatura cargada de pasión, de seducción y de mundo, en la que nos sentimos tan identificados con las necesidades sexuales de la humanidad que es imposible no aceptar que hemos de pasar obligatoriamente por su camino. Quien lo lea, muy seguramente no vacilará un segundo en querer ser Kemal o Füsun.

Es el sexo más desenfrenado y más sincero que cualquier humano desearía; es la dependencia más infernal, mundana, es decir, de la mejor que hay.

En esto del sexo, solemos tener aún infinidades de tabús al hablar. Pero lo cierto es que no hay placer sexual exitoso sin haber pasado por los bálsamos de la mundanidad y del infierno, así este luego sea una puerta al cielo.

¿Algo contradictorio? Yo diría más bien algo irremediablemente humano.

De acuerdo con Kemal, el paso previo al enamoramiento es dejarse llevar por la humanidad del ser amado. Kemal Basmaci, en la voz narrativa de Orhan Pamuk, utiliza una frase que me llamó la atención: "Hacer el amor hasta el final", como si concibiera varios alcances en hacer el amor.

Este "hasta el final" significaba la pérdida de la virginidad de las jóvenes turcas, para quienes perder su tesoro antes de ir al matrimonio seguía siendo un acontecimiento bastante cuestionado por la sociedad, quienes trataban de demostrar su "occidentalización" en el apocamiento de actos que antes se consideraban virtuosos. Una de las características de occidente ha sido la constante confusión, muy perceptible a mi parecer, entre lo virtuoso y lo sagaz.

Mientras se promulga el deber ser de las cosas, los occidentales hacemos lo contrario, en un marco de suspicacia que se confunde con la virtud y con el mismo deber ser. Hay en el libro una frase que lanza Füsun antes de hacer el amor una vez más con Kemal y que muestra con claridad mi afirmación: "…en realidad preferiría que me mintieras, porque sólo se miente por algo que da miedo perder".

Sibel Hanim, la prometida, es el deber ser, pero Füsun es la Realidad.

La historia termina de manera trágica, y por lo tanto, exitosa. La muerte, no diré de quien, acabó por ser la llave que abre las puertas del Museo. Kemal Basmaci recorrió a lo largo de su vida 5.723 museos; de estas visitas descubrió que la mejor forma para ingresar al Museo de la Inocencia era hacer de su catálogo de objetos y colecciones, una novela como esta, y para tales fines escogió a Orhan Pamuk.

Es ella, sin lugar a dudas, una visita guiada por los rincones más estrechos de los cuerpos y corazones de la humanidad. Y ¿saben algo? Parafraseando a Füsun, yo también les miento, porque no los quiero perder.

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