Cristina pone el dedo en la llaga

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Arsada

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Columna: Opinión

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Parece que todo el mundo quiere pasar de agache ante las palabras de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, en el seno de las Naciones Unidas, refiriéndose a los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y al derecho a veto que los mismos tienen.

La mandataria latinoamericana manifestó, que no compartía la necesidad de ampliar el número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que por el contrario, creía necesario eliminar tal categoría y con ello finiquitar el llamado derecho a veto del cual sólo gozan los cinco miembros permanentes. Ambos, según ella, seguramente justificados en su momento, pero hoy día, en muchos casos utilizados para posicionamiento de miembros integrantes, quienes terminan de esta manera ejerciendo su propio derecho.

Pero qué es ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Para entender esto tenemos que retrotraernos en la historia al año de 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias vencedoras jalonan la conformación de la ONU. Y como bien dice la sabiduría popular, quien tiene la plata (en este caso las armas también) impone las condiciones. Fue así como Estados Unidos de América, el Reino Unido, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la República Popular China y la República de Francia, lograron que en los estatutos de lo que sería la organización se contemplara que a sus estados, y sólo a ellos, se les reconociera el derecho de miembros permanentes del Consejo de Seguridad del organismo con todas las prerrogativas que el mismo ya de por sí contenía. En tanto que los demás Estados sólo podrían serlo por dos años, sin posibilidad de elección para el período siguiente.

Pero si como lo anterior no fuera suficiente, también se dejó sentado en dicha carta que estos cinco estados, además de gozar de la calidad de miembro permanente quedaban con el derecho de veto, es decir, con la prerrogativa de poder parar unilateralmente una determinada decisión del Consejo, aún habiendo sido esta aprobada por mayoría de votos, o sea con 9 de los 15 posibles. Es el caso que actualmente sucede con el Estado de Palestina, el cual no obstante contar con una abrumadora mayoría al interior de la Asamblea, por un sólo voto de veto, el de Estados Unidos, no puede ser aprobado su reconocimiento como Estado por parte de la Magna Asamblea.

Hablar de democracia al interior de la ONU puede resultar irrespetuoso, por las monarquías allí presentes, y efectivamente en su preámbulo no se menciona la palabra. En cambio sí "se reafirma la fe en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas".

Pero este tipo de gabelas no reafirma en la práctica ninguna fe en esa igualdad de derechos que pregona en sus estatutos la ONU. Salvo que se trate de la fe aquella llamada del carbonero, que decía que fe era creer en lo que no veíamos porque Dios lo había revelado.

Como se dice coloquialmente, la Presidenta de Argentina, con lo planteado le cogió el pulso a la Organización de Naciones Unidas, y a futuro próximo seguramente generará una conmoción en su interior. Anoten la fecha.

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